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Espejos


Señala Margit Rowell que en los escritos de Miró -años veinte y treinta- puede  observarse un enérgico rechazo a las reglas y una búsqueda de la trangresión, e indica como características de su escritura epistolar la ingenuidad y el idealismo, sí, pero también la turbulencia de un espíritu díscolo, detectable en una ortografía, gramática y puntuación desordenadas con las que seguramente quiere afianzar su camino hacia la liberación. Esta idea de rebelión sintáctica y semántica absoluta, que proviene sobre todo de los poetas, invade el espíritu compositivo de Mestres Quadreny desde el momento en que entiende el arte como una actividad fundamentalmente moral y poética, añadiendo un gesto de militancia a la manera de Brossa: "el arte no es una fuerza de ataque; es una fuerza de ocupación".

(Marta Cureses, Joan Miró - Mestres Quadreny. Suite miroir. Arola Editors, 2017). 

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Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…