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Panteón


Lo que más le cuesta a un escritor es restarle importancia a lo que hace, que no siempre se limita a ser lo que escribe. Avanza por el camino solitario de la literatura, y esto a veces lo atenaza y lo agobia. Pero ¿acaso no es el sentimiento natural de todo escritor que se precie de serlo? Hay que tener mucha fuerza de voluntad para seguir. Y asumir la incomprensión, el etiquetamiento, la desubicación. Asumir que los libros de uno no son más que gotas en el océano. Entonces se pregunta, como reacción a esa bocanada de realidad, si tiene sentido pensar que sus libros serían otra cosa que gotas en el océano. Se convence de que el único camino cierto es ser uno mismo, con todas las consecuencias, con todas. El escritor ha de salir del panteón de sus propios libros o si no el muerto será él.

(Adolfo García Ortega, Fantasmas del escritor, Galaxia Gutenberg, 2017).
  

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"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

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