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Encuentro entre un gigante y un enano


Poco después de llegar a Londres, recaló en la ciudad un magnífico gigante. Medía ocho pies y tres o cuatro pulgadas, medida de Inglaterra (2,5 m). Estaba bien proporcionado, su fisonomia era agradable y, cosa poco habitual en los hombres de esta especie, su fuerza se correspondía con su tamaño. Por aquel entonces no contaba más que veintidós años. Algunas personas parecieron desear vernos juntos; mis protectores, el duque y la duquesa de Devonshire, acompañados de Lady Spencer, fueron un día a verlo y tivieron la amabilidad de llevarme con ellos. Nuestra sorpresa fue, según creo, idéntica: el gigante permaneció callado un instante, mirándome con asombro, después, inclinándose hasta la mitad de su altura para ofrecerme su mano, en la que habrían cabido fácilmente una docena de las mías, me hizo un sincero cumplido. Si un pintor hubiera presenciado ese encuentro, el contraste entre nuestras dos figuras habría podido inspirarle la creación de un interesante cuadro puesto que al acercarme a él, para poder apreciar la diferencia, observamos que su rodilla estaba aproximadamente a la altura de mi coronilla.

(Memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, gentilhombre polaco, escritas po él mismo. Lengua de Trapo, 2010. Traducción de Verónica Fernández Camarero).  

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Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta