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Encuentro entre un gigante y un enano


Poco después de llegar a Londres, recaló en la ciudad un magnífico gigante. Medía ocho pies y tres o cuatro pulgadas, medida de Inglaterra (2,5 m). Estaba bien proporcionado, su fisonomia era agradable y, cosa poco habitual en los hombres de esta especie, su fuerza se correspondía con su tamaño. Por aquel entonces no contaba más que veintidós años. Algunas personas parecieron desear vernos juntos; mis protectores, el duque y la duquesa de Devonshire, acompañados de Lady Spencer, fueron un día a verlo y tivieron la amabilidad de llevarme con ellos. Nuestra sorpresa fue, según creo, idéntica: el gigante permaneció callado un instante, mirándome con asombro, después, inclinándose hasta la mitad de su altura para ofrecerme su mano, en la que habrían cabido fácilmente una docena de las mías, me hizo un sincero cumplido. Si un pintor hubiera presenciado ese encuentro, el contraste entre nuestras dos figuras habría podido inspirarle la creación de un interesante cuadro puesto que al acercarme a él, para poder apreciar la diferencia, observamos que su rodilla estaba aproximadamente a la altura de mi coronilla.

(Memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, gentilhombre polaco, escritas po él mismo. Lengua de Trapo, 2010. Traducción de Verónica Fernández Camarero).  

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

El Centauro

Maurice de Guérin, nacido en 1810 en el castillo albigense de Caylar, en Andillac, y muerto en el mismo lugar poco antes de cumplir los veintinueve años, es uno de los más exquisitos poetas románticos franceses. Su obra, póstuma, es tan breve como corta fue su vida. Jules de Goncourt dijo que entre los poetas modernos solo Maurice de Guérin hizo el hallazgo de una lengua para hablar de los tiempos antiguos. También fue elogiado, entre otros, por Sainte-Beuve, Remy de Gourmont, Rilke y Mauriac.
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La edición incluye, además del texto original, la traducción …