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Encuentro entre un gigante y un enano


Poco después de llegar a Londres, recaló en la ciudad un magnífico gigante. Medía ocho pies y tres o cuatro pulgadas, medida de Inglaterra (2,5 m). Estaba bien proporcionado, su fisonomia era agradable y, cosa poco habitual en los hombres de esta especie, su fuerza se correspondía con su tamaño. Por aquel entonces no contaba más que veintidós años. Algunas personas parecieron desear vernos juntos; mis protectores, el duque y la duquesa de Devonshire, acompañados de Lady Spencer, fueron un día a verlo y tivieron la amabilidad de llevarme con ellos. Nuestra sorpresa fue, según creo, idéntica: el gigante permaneció callado un instante, mirándome con asombro, después, inclinándose hasta la mitad de su altura para ofrecerme su mano, en la que habrían cabido fácilmente una docena de las mías, me hizo un sincero cumplido. Si un pintor hubiera presenciado ese encuentro, el contraste entre nuestras dos figuras habría podido inspirarle la creación de un interesante cuadro puesto que al acercarme a él, para poder apreciar la diferencia, observamos que su rodilla estaba aproximadamente a la altura de mi coronilla.

(Memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, gentilhombre polaco, escritas po él mismo. Lengua de Trapo, 2010. Traducción de Verónica Fernández Camarero).  

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