Ir al contenido principal

El doctor Carlos García


Siempre es un gozo toparse con un clásico del que no habías oído hablar nunca. Me ha sucedido hace poco leyendo un ensayo del peruano Ventura García Calderón en el que mencionaba al "doctor Carlos García", autor de La oposición y conjunción de los dos grandes luminares de la tierra (1617), más conocida con posterioridad como Antipatía de los franceses y españoles.  Pero la obra por la que hoy en día se le recuerda (relativamente hablando, pues no deja de ser un autor desconocido) es La desordenada codicia de los bienes agenos, dicha también Antigüedad y nobleza de los ladrones, editada en París en 1619, en casa del impresor Adrián Tiffeño. 
Los datos sobre la vida del tal García son escasos y no siempre fiables, incluso se ha defendido que podría tratarse de un pseudónimo. Marcos Fernández, en su Olla podrida a la española (Amberes, 1655), dice haberle conocido en Francia y ser, entre otras cosas, "médico sin grado, filósofo entre seglares, predicador de lo que él quiso, vecino de la Bastilla, goloso, bebedor... i boton con cola en oxal proivido". Esta última expresión aludiría a su condición de sodomita.
La desordenada codicia de los bienes agenos es una extravagante novela picaresca en la que, entre discursos sobre la "excelencia de hurtar" y la enumeración de las variedades, estatutos y leyes de los ladrones, un famoso ladrón cuenta sus industrias sin ningún recato ni ánimo de mudar de vida, pues "si esto se hubiese de hacer, sería menester hacer el mundo de nuevo, porque, cual más menos, todo la lana es pelo; todos somos de la confradía; nadie está contento con su suerte, quien más tiene más quiere, y a todos nos agrada lo que poco nos cuesta y tomar truchas a bragas enjutas".     

Comentarios

Entradas populares

Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
No es el famoso autor de novelas como De aquí a la eternidad o Como un torrente un nombre que se suela asociar a los hechos de mayo de 1968. No obstante, fue uno de los pocos escritores norteamericanos que, a poco de suceder los hechos, decidió novelarlos. (Otro autor fue su compatriota Frank Y…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.