Ir al contenido principal

Fría mañana

Maeve Brennan (1917-1993)

Son las cinco de la mañana, hace doce grados bajo cero y acabo de volver al hotel tras una visita a Bickford's, donde me he tomado un café. El ascensorista ha tenido que abrirme para que saliera. Las puertas exteriores del hotel están cerradas por razones de seguridad y en el pequeño vestíbulo, entre las puertas interiores y las exteriores, subía tal ráfaga de aire caliente que me alegró salir al helado exterior. No hace viento. La mañana es silenciosa y oscura, con el toque de ansiedad que surge en la espera. Ya es hora de que empiece el día. De momento, mientras me apresuraba por la esquina para llegar al iluminado Bickford's lo más deprisa posible, he visto que la avenida -la Sexta- estaba desierta de tráfico y peatones. Era un alto y angular oasis de quietud, muy duro y remoto en su perfil, pero no antipático. Ni siquiera podía oir mis pasos. Llevo una botas mukluk forradas de piel que compré en Lord & Taylor, y ando sin hacer ruido. No he mirado al cielo en busca de la luna o las estrellas, pero he echado una rápida ojeada a la Sexta Avenida y he visto que en el uptown seguía brillando un bosquecillo blanco de árboles de Navidad, que parecía alto incluso contra los elevados acantilados de cristal que podrían eclipsarlos.

(Maeve Brennan, Crónicas de Nueva York. Traducción de Isabel Núñez, Ediciones Alfabia, 2011) 

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Un poema de Muntañola

La noche es un árbol turbio que se enrreda en el árbol, es antracita antigua quemando la luz, es la piel más arcana del aire. El árbol lo sabe. Él bebe la noche.

(Esther Muntañola, Árbol. Ediciones Tigre de Papel, 2018).

De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
Una de las canciones más recordadas de Enric Madriguera es "Adiós", co…