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Fría mañana

Maeve Brennan (1917-1993)

Son las cinco de la mañana, hace doce grados bajo cero y acabo de volver al hotel tras una visita a Bickford's, donde me he tomado un café. El ascensorista ha tenido que abrirme para que saliera. Las puertas exteriores del hotel están cerradas por razones de seguridad y en el pequeño vestíbulo, entre las puertas interiores y las exteriores, subía tal ráfaga de aire caliente que me alegró salir al helado exterior. No hace viento. La mañana es silenciosa y oscura, con el toque de ansiedad que surge en la espera. Ya es hora de que empiece el día. De momento, mientras me apresuraba por la esquina para llegar al iluminado Bickford's lo más deprisa posible, he visto que la avenida -la Sexta- estaba desierta de tráfico y peatones. Era un alto y angular oasis de quietud, muy duro y remoto en su perfil, pero no antipático. Ni siquiera podía oir mis pasos. Llevo una botas mukluk forradas de piel que compré en Lord & Taylor, y ando sin hacer ruido. No he mirado al cielo en busca de la luna o las estrellas, pero he echado una rápida ojeada a la Sexta Avenida y he visto que en el uptown seguía brillando un bosquecillo blanco de árboles de Navidad, que parecía alto incluso contra los elevados acantilados de cristal que podrían eclipsarlos.

(Maeve Brennan, Crónicas de Nueva York. Traducción de Isabel Núñez, Ediciones Alfabia, 2011) 

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

El Centauro

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La edición incluye, además del texto original, la traducción …

De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
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