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El granjero de Rowan Oak

William y Estelle Faulkner a las puertas
de Rowan Oak en 1955.

En el verano de 1929 William Faukner se casó con Estelle Oldham Franklin, que se había divorciado de su esposo y había venido a Oxford con los dos hijos de este matrimonio, Malcolm y Victoria (conocida como Cho-Cho). Se casaron en la vieja iglesia presbiteriana de las afueras de Oxford que construyeron los esclavos sobre College Hill. Pasaron la luna de miel en Pascagoula, y fue allí donde Faulkner corrigió las galeradas de El sonido y la furia.
Al año siguiente, animado por los ingresos que le generaban sus relatos cortos en las revistas y la próxima publicación de sus libros en Inglaterra, Faulkner  compró Rowan Oak, una casa ante-bellum de Oxford, destartalada y necesitada de restauración. Por esta casa, adquirida por 6.000 $ y pagada a plazos de 75 $, lucharía Faulkner toda su vida  Como señala Michael Millgate (The Achievement of William Faulkner, 1966): "Visto hoy, el acto de adquirir tal casa se presenta como algo práctico a la vez que simbólico, que reafirma la decisión de Faulkner de permanecer en el Sur y refleja el deseo del novelista de llevar un tipo específico de existencia sureña."
 Es curioso el apego a la tierra de algunos escritores. Tolstói se creía un mujik en Yasnaia Poliana; Josep Pla se consideraba un payés en su Mas Llofriu; y Faulkner ejerció de granjero en Rowan Oak. La finca de Oxford pasó de la ruina al esplendor, al revés que su matrimonio, que fue tormentoso y acabó en la ruina. Pero los matrimonios pasan, y las casas (al menos algunas) sobreviven.
En cierta ocasión el autor de La mansión dijo: "Es mi propósito, y para ello no escamotearé esfuerzos, que la suma y la historia de mi vida se reduzcan, en mi necrología y epitafio, a lo siguiente: hizo libros y murió." Creo que también le hubiese gustado: "Fue granjero e hizo libros".   

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).