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Brasa delatora


      El fulgor de una cerilla ilumnó brevemente la cara del "gangster". Encendió un cigarrillo. Flotando en la oscuridad quedó la llama delatora.
      Con un temblor súbito en la mano, Linda alzó el revólver. Estaba dispuesta a todo.
      Tuvo que esperar más de un minuto, hasta que sus dedos dejaron de temblar.
      Apuntó algo más bajo que la punta del cigarrillo, que seguía entre los labios del guardián.
      Una fracción de segundo después de apretar el gatillo, la brasa encendida cayó al suelo.
      Pero ella supo que no había hecho blanco. Lo supo incluso antes de comprender que el malhechor avanzaba hacia ella profiriendo soeces maldiciones.

(Jan Hutton, De cebo, un "gangster". Editorial Rollán, 1950).
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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).