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Barataria, al sur de Jefferson

En una de las notas que lord Byron puso al final de su poema El corsario ( 1814) se nos informa de un lugar en la Luisiana llamado Barataria, antiguo refugio de los piratas de Jean Laffitte, y de idéntico nombre que la ínsula que con prudencia y sentido común gobernara Sancho Panza en el Quiijote. La nota está extractada de una gaceta norteamericana, y entre otras cosas dice (utilizo la traducción castellana del poema de Byron publicada en París, por la Librería Americana, en 1827):
"Barataria es una bahía o un brazo de mar estrecho del golfo de Méjico, que atraviesa una comarca rica, pero plana, hasta una milla del río Misisipi, a quince millas más abajo de la Nueva Orleans (...) La isla Barataria está situada a los 29 grados de latitud y a los 92 de longitud. Es tan notable por el buen aire que en ella se respira, como por los escelentes pescados que abundan en aquellos parages."
Así pues, desde la ínsula Barataria, en el delta del Mississippi, y siguiendo el "Viejo" aguas arriba, a unos doscientas millas aproximadamente, se llegaría a la altura de Jefferson, cabeza del condado de Yoknapatawpha, Dos territorios literarios, uno cervantino y otro faulkneriano, relativamente juntos desde el punto de vista geográficos.
William Faulkner vivió en Nueva Orleans durante seis meses en 1925. Se alojó en un apartamento ubicado en un pasaje conocido hoy por el nombre de "Pirate's Alley", que va desde Jackson Square a Royal Street. Allí escribió su primera novela, La paga de los soldados. ¿Conocería Faulkner la existencia de la cercana Barataria? No lo sé. Lo que sí sé es que Faulkner admiraba a Cervantes y leía el Quijote todos los años.

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Un bizarro y efímero fenómeno

La afición de Faulkner por la aviación fue muy temprana. En julio de 1918 partió hacia Toronto para alistarse como piloto cadete en la rama canadiense de la Royal Air Force. Sin embargo el armisticio llegó sin haber concluido el entrenamiento, lo que no le impidió que regresara a su casa de Oxford con uniforme y contando baladronadas acerca de su participación en combates aéreos en los cielos de Alemania. En los años treinta su afición a los aviones se reforzó. Consiguió una licencia de piloto y se compró  un aeroplano de cabina Waco, participando en varias exhibiciones aéreas.
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