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Sangre rota




Cuando uno lee Santuario (1931) es difícil sustraerse a la opinión que de ella dio su autor con ocasión de su reedicion en la Modern Library:"Para mí esta es una idea barata porque fue deliberadamente concebida para hacer dinero". Y concluyó: "Hice un buen trabajo". Santuario fue en su momento, y en cierto modo continúa siéndolo, la novela más popular de Faulkner, aunque no la más representativa de su estilo. No está a la altura de El ruido y la furia o Mientras agonizo, por citar dos obras maestras inmediatamente anteriores en el tiempo; pero sigue siendo un relato brutal, trágico y violento, contado con un pulso narrativo formidable.
La historia del impotente y maligno Popeye y la violación (con una mazorca) y degradación en el burdel de Temple Drake esconde un simbolismo que en Faulkner es bastante común: la invasión y conquista del Sur por la civilización depredadora y mecanicista. Con el paso del tiempo la novela había ido difuminándose en mi recuerdo, difuminándose los perfiles de sus actores y la naturaleza de sus escenas, hasta el punto de creer, por ejemplo, que Popeye era negro. Y no, lo que es negro en Popeye, negro como el alma del personaje, es su característica chaqueta "ceñida y de talle alto". 
Santuario fue la primera novela de Faulkner.que leí, en la edición de la colección Austral de Espasa-Calpe. Había sido publicada por primera vez en España en 1934 por la misma editorial y (curiosamente) en la colección Hechos Sociales. La traducción era del escritor cubano Lino Novás Calvo y llevaba un prólogo de Antonio Marichalar, uno de los mejores críticos literarios de la época, si no el mejor. El prólogo terminaba con estas palabras: "Y eso es todo: aire seco y combustible, pasión en celo, sangre rota". Inapelable síntesis. .

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