Ir al contenido principal

Reencuentro con Faulkner

William Faulkner (1897-1962)

Hace unos días, mientras leía Intruso en el polvo, me percaté de que llevaba más de tres décadas sin leer a Faulkner. ¿Qué había pasado? ¿ Cómo era posble? ¿Por qué había tardado tanto tiempo en volver a leerlo? Cuando tenía unos veinte años descubrí al gran narrador sureño y comecé a leerlo con voracidad, deslumbrado por su escritura poderosa y fascinante. Leí la mayor parte de sus novelas y narraciones más importantes hasta que un día, después de terminar, no sin esfuerzo, ¡Absalón, Absalón!, dejeé de leerlo. No fue una decisión premeditada, simplemente sucedió. ¿Fatiga? ¿Saturación? No lo sé. Quería darme un respiro, seguramente, y orienté mis lecturas hacia otros autores y otras obras. Y cuando me quise dar cuenta Faulkner me quedaba lejos, demasiado lejos. Hasta ahora.
Ha sido un reencuenrtro gozoso. Se podría decir que he lo leído como si fuese la primera vez, con el asombro juvenil del descubrimento, pero también con el poso de la experiencia acumulada de lector. El caso es que he vuelto a disfrutar de las largas, sinuosas y mesmerizantes frases y de sus singulares personajes. En Intruso en el polvo (1948), hay un negro acusado de asesinato, un abogado blanco y un niño, su sobrno. Algo así como un Matar a un ruiseñor pero menos amable. La novela no está a la altura de sus mejores obras, pero conserva la marca de la casa y en ella se traslucen de forma clara, por vía del abogado Stevens, su compromiso moral en el conflicto entre blancos y negros y la polémica de los derechos civiles.   .  
En cierta ocasión aconsejó Faulkner: "Lee, lee, lee. Lee de todo: basura, clásicos, buenos y malos, y observa cómo lo hacen. Tal y como lo haría un aprendiz de carpintero que estudia a su maestro. ¡Lee! Acabarás absorbiéndolo. Entoces, escribe." Sin saberlo, esto es lo que he estado haciendo todos estos años.  

Comentarios

Entradas populares

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…