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Finnegans en español (o así)



     riverrante, pasando Eva y Adán, de curva ribereña a codo de bahía, nos trae un comodioso vicus de recirculación de vuelta a Howth Castle y Environs.
     Sir Tristam, violer d'amores, f'roata del corto mar, había pasaún rearribado de Norte Armórica en este lado del descarnado istmo de Europa Menor para la empuñarriña de su guerra penisolada: ni las rocas del topsawyer junto a la corriente del Oconee se habían exagerado ellasotras a los gorgios de Laurens County mientras iban duoblinando su malamparo todo el tiempo: no era voice del afuego que fuellucía mishe al tauftauf duartepeadrick: no aún, mas venisún después, había un cadete cabrón butendido a un blando y viejo isaac: no aún, aunque todo fuese feria en vanesía, estaban las sosías soresteres furiosas con duouno natmanojo. Rota pizca de la malta de pa habían Jhem o Shen malteado al arcoaluz y rórrido al fin del regio embrollo iría a verse asomado al ring del aquafaz.

(Inicio de Finnegas Wake, de James Joyce. Traducción de Marcelo Zabaloy. Editorial El cuenco de plata, Buenos Aires, 2016, 628 págs).
 
   

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).