Ir al contenido principal

Dolores Medio


Dolores Medio (1911-1996)

"Oviedo es una ciudad dormida." Así, con esta frase de claros ecos clarinianos, comienza Nosotros, los Rivero, novela ganadora del Premio Eugenio Nadal de 1952. Su autora, la ovetense Dolores Medio -de cuya muerte hace veinte años-, era una maestra que había ejercido en Nava y que en el momento de recibir el galardón residía en Madrid. La novela es de corte tradicional y la acción transcirre en Oviedo entre 1924 y los sucesos revolucionarios de Octubre de 1934. Su protagonista es Lena Rivero, una chica de espíritu inquieto y temperamento sensible, a través de la cual se nos muestran los miembros de su familia y otros tipos pertenecientes en su mayoría a la clase media y a la pequeña burguesía.
La premiada Dolores Medio llegó a la capital asturiana en tren TAF el 5 de febrero y regresó el 11 a Madrid. Durante su corta estancia fue agasajada por público y medios de comunicación. Los primeros ejemplates de Nosotros, los Rivero los trajo de Barcelona a Oviedo el librero Quirós, de la Librería Cervantes, en su coche, y se pusieron a la venta en vísperas del Día del Libro de 1953. En pocos días se agotaron las existencias. La novela fue recibida por lectores y críticos con división de opiniones. Así, desde La Voz de Asturias Roberto Velázquez Riera ("Robín") elogió a la "excelente escritora, ágil, clara, tersa, pulcra y correcta de estilo"; mientras que en La Nueva España el profesor Jesús Cañedo sentenciaba: "me aburre, no me interesa, no me dice nada".
Conocí a Dolores Medio en Oviedo a principìos de los noventa. Me la presentó Carmen Gómez Ojea, ganadora asimismo del Nadal, en la Biblioteca del Fontán. Era una mujer menuda, vivaz y un punto excéntrica (gorro de lana, gafas años cincuenta, katiuskas amarillas).

Comentarios

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta