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Consejo de madre


Arhur Pem se despertó con la cabeza pesada, sintiendo que le dolían las sienes por efecto de la tremenda resaca.
   No era la primera vez qie le ocurría aquello. Últimamente bebía demasiado, sobre todo después de que, tras ganar el premio Pulitzer de Literatura, el resto de sus novelas habían sido un rotundo fracaso. (...)
   Pero Arthur no era de los hombres que se conforman con ser una medianía. Desde muy niño le habían gustado los triunfos y las victorias, y aún recordaba que su madre le había dicho en cierta ocasión cuando adivinó sus inquietudes e impaciencias:
   -Si  no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, hijo mío, o bien escribes cosas dignas de leerse, o bien haz cosas dignas de escribirse.

(Lucky Marty, Ídolo de barro. Ediciones Ceres, 1983).

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