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Infortunado Calígula


No he sido afortunado. Mi reinado no me proporciona ningún motivo de gloria de esos que hacen célebres a los emperadores, y todo el mundo hablará de mi como del padre de un pueblo feliz, donde se canta y se baila y no se hace nada de provecho. ¡Si tan siquiera ocurriese una gran catástrofe pública! Augusto tuvo una gran suerte con la derrota de Varo, pues en ella perecieron cinco mil soldados y se armó un gran escándalo, que redundó en gloria de mi padre y en la fama imperecedera de aquel emprerador, pues a causa del disgusto se rapó la cabeza y estuvo cinco días sin comer ni beber, uno por cada millar de soldados. Tiberio también tuvo suerte, pues mientras él reinaba se hundió el anfiteatro de Fidena y hubo tal mortandad entre los espectadores, que le hizo célebre, sin más que lamentar la catástrofe. Pero a mi no me sucede nada que valga la pena de referirlo.

(Fidelio Trimalción (pseudónimo de Cecilio Benítez de Castro), Las memorias de Calígula, Librería Editorial Argos, Barcelona, 1943).

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).