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La domadora de pulgas

La domadora de pulgas
(Fotografía: Centelles)

Entre los prestigitadores, adivinos, etc., se halla una caseta de madera que, en vez de puertas, tiene grandes cortinas rojas. Unas escaleras la separan del suelo, como todo el conjunto de esa zona que se halla sobre una extensa tarima. Se levantan  las cortinas y aparece una mujer vestida con maillot; aunque frisará en los cuarenta y cinco años, tiene un aspecto seductor y su cuerpo una forma armoniosa y plena que empieza a parecer demasiado maciza. La semejanza de esa mujer con una walkyria, permite suponer que se tratará de una domadora de animales peligrosos, leones, panteras, osos... Sin embargo, no es así, y la dama del maillot amaestra pulgas. Estas, al conjuro de  su voz, surgen de una cajita de cartón; llevan vestidos de papel de seda de diferentes colores. Andan, saltan, arrastran carritos dorados hechos de la hoja metálica más etérea, incluso bailan. Y cada uno de esos insectos tiene nombre propio por el cual es llamado cuando se trata de ponerlo en escena y concentrar la atención sobre él.

(Juan Eduardo Cirlot, Ferias y atracciones, Eitorial Argos, Barcelona, 1950)

Comentarios

  1. Si esto es verdad...¡mátame camión!

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  2. Parece fantasía ¿no? Pero así se vendía la atracción en las (antiguas) ferias.

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  3. ¡Qué fácil era el público de antes! Ahora hay que hacer desaparecer un Boeing para que te presten atención.

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  4. Cierto, Amaltea, la capacidad de asombro ha ido disminuyendo.

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).