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Jardín, flores y sangre

Aubrey Beardsley, The Climax, 1894.
(Dibujo para Salomé, de Oscar Wilde).

La primera e insoslayable referencia que podemos mencionar al respecto es la novela más decadentista de Octave Mirbeau, que mezcla ya en su título estos dos elementos contrapuestos: El jardín de los suplicios. El jardín es algo exuberante, ubérrimo, fuente de vida, de belleza, réplica terrenal del paraíso. Pero este jardín se halla dentro de una cárcel y es un jardín que se alimenta con la carroña humana resultante de las torturas que allí se practican: los suplicios, esto es, el horror, la tortura, la muerte. Lo más bello surge de lo más abominable (...).
Aubrey Beardsley se suma a esta misma idea en uno de sus dibujos más conocidos. Salomé sostiene extasiada entre sus manos la cabeza cortada del profeta Jokaanan y se dispone a besarla. Un hilo de sangre cae desde la cabeza hasta alcanzar una masa negra de líquido que ocupa la parte inferior de la imagen. De este fondo negro, y más exactamente, del punto en donde cae la sangre de Jokaanan  (Juan el Bautista), surge una flor.

(Rodrigo Guijarro Lasheras, Jardín y laberinto. La flor en el imaginario decadente. Ediciones de la Universidad de Oviedo, 2015).

Comentarios

  1. Hola Jorge, me tienes ensimismada con tus post.
    También he dicho algunas veces que lo más trágico tiene cierta belleza y bien dice este texto que lo más bello surge de lo más abominable.
    Hay una frase que no recuero si es anónima que dice así: La orquídea no sería bella, si el estiércol del que brota, sintiese vergüenza de su propio olor.

    Otra novela para el bote, no sé si podré seguir este ritmo... me falta tiempo y dinero.
    Claro, si estuviéramos cerca pues podría acudir a ti para que me ayudaras. Porque eres muy buen profesor. Te felicito por ello.

    Pero bueno, puedo saborear por aquí tu forma de transmitir-te como buen lector.

    Muchas gracias. No desaparezcas:).

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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