Ir al contenido principal

Sterling Hayden

Sterling Hayden (1916-1986)
No creo que haya amante del cine que no reconozca la cara de este actor norteamericano, aunque no se acuerde de su nombre. Su rostro de duro bondadoso o perdedor melancólico quedó fijada en un buen puñado de películas de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta, entre las que destacan títulos como Johnny Guitar, La jungla de asfalto o Atraco perfecto. Pero no es la actividad como actor de Sterling Hayden -de quien justo hoy se cumplen cien años de su nacimiento- lo que me impulsa a traerlo aquí, sino su menos conocida faceta de escritor. En 1960 tras una crisis personal y profesional Hayden decide escribir sobre su vida. Al cabo de tres años saldría a la venta Wanderer, su libro autobiográfico en el que, entre otras cosas, cuenta su infancia pobre en Maine, los años como patrón de barco, su participación en la II Guerra Mundial, su lucha por la justicia social y el breve paso por el Partido Comunista, su vida en Hollywood, los problemas con el Comité de Actividades Antinorteamericanas y la huida a Tahití en una goleta con sus hijos.
Tras el éxito de Wanderer Hayden se puso a trabajar en una novela de ambiente marino, situada en pleno cambio de la navegación a vela a la de vapor. Voyage: A Novel of 1896, aparecida en 1976 (hay traducción al español, La travesía, editada en México en 1979), se desenvuelve en las cubiertas de los grandes y rápidos veleros que hacían las largas rutas desde los puertos de la costa Este de Estados Unidos a los de Oriente y vuelta, doblando el temido cabo de Hornos. Una historia de aliento épico y espíritu conradiano. Hayden amaba el mar. En una entrevista concedida en 1963 decía: "Para mí el mar es un escape, un modo de vivir... En el mar encontré un microcosmos  de la vida, un oasis de honradez, donde no había sitio para la falsedad, donde el enemigo común era una tormenta en tiempo de  paz o los cañones enemigos en tiempo de guerra. A veces los nervios se curtían, y a veces no teníamos buen olor, pero nos conocíamos mutuamente y sabíamos lo qie pasaba a cada quien  -su corazón, su alma, sus entrañas, todo- y no había héroes de papel ni villanos de cartón. Éramos buenos, malos e indiferentes, de veras."
  

Comentarios

  1. Jorge, mientras leía tu entrada, recordaba vagamente el poema de José Ángel Valente:

    _El hombre pequeñito_


    El hombre pequeñito
    saludó al muy solemne,
    sacó una servilleta
    y dibujó un gran mapa
    de su pequeña patria.

    Puso en ella
    barquitos de papel, colores, árboles,
    unos peces azules
    nadando en la mañana
    y hasta un pájaro pinto.

    El muy solemne extrajo
    del profundo chaleco
    dos soldados de plomo.

    El pequeñito
    recogió con cuidado
    de no perder migaja
    su patria servilleta
    y se fue como vino.

    El vencedor pestañeó perplejo
    con sus sólidos párpados de palo.

    Gracias de nuevo, por traer estas riquezas.

    ResponderEliminar
  2. Una pequeña fábula de un hombre pequeñito en un gran poema.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Luis Romero

Luis Romero (Barcelona, 1916-2009)  a principios de los años cincuenta.

A Luis Romero -de quien este año se cumple el centenario de su nacimiento- le sorprendió la. concesión del Premio Eugenio Nadal de 1951 durante su estancia en Argentina. La Noria era su primera novela (antes había publicado un libro de poemas, Cuerda tensa, y otro de viajes, Tabernas) y describe un día de Barcelona a través de treinta y seis personajes, sin contar otros secundarios o menos relevantes. Ya en su día, Eugenio de Nora destacó la influencia técnica de La colmena de Camilo José Cela y de la traducción al castellano (por José Salas Subirat) de Ulises, de James Joyce. Ambas novelas, que habían sido publicadas en Argentina, estaban muy en boga. Yo añadiría otra posible influencia cinematográfica: La ronde (1950), de Max Ophüls, basada en la obra de Arthur Schnitzler.
La novela de Romero (reeditada recientemente por la editorial Comanegra) combina el realismo objetivista y el monólogo interior. Los personaje…

Café Peñalba, Oviedo

A aquellas horas, el café estaba completamente lleno. Se veía a los camareros pasar presurosos entre las mesas, llevando en alto las bandejas, cargadas de misteriosas mezclas rojas, lechosas, verdes, doradas, en las que destacaba intensamente la mancha amarilla cromo de una corteza de límón o el carmín de una guinda, que el barman, como un moderno alquimista, preparaba en su alegre laboratorio de botellas. Todos eran pálidos, fofos, y parecían llevar con un poco de cortedad sus smokings deslucidos, con las mangas brillantes por el uso, y el lazo de la corbata torcido, lacio, como un pájaro negro de alas caídas. Aquel café era una institución en la vieja ciudad y aquella hora del anochecer una de las más difíciles del servicio. Los ingenieros, los magistrados, los catedráticos de la Universidad y las gentes enriquecidas con el carbón y el hierro se reunían allí a merendar, y había que servirles escrupulosamente, procurando no cortar sus conversaciones al preguntarles qué deseaban o al…

Felicitación

Este blog desea a todos sus lectores lo mejor para el 2017.