Ir al contenido principal

Piedra de serpiente


Tambien es celebrada
la piedra de Serpiente, asi nombrada,
y de la Asia trahida,
por lo leve, y obscura conocida,
con la qual en tu seno
podrás seguro, y libre de veneno
con manos licenciosas
manejar las serpientes ponzoñosas.
Esta piedra aplicada
a la parte del cuerpo envenenada,
todo el veneno quita,
que en sí misma recibe; y le vomita,
si con leche caliente,
o con agua la labas prontamente.
Y tambien es notable,
que esta preciosa piedra es saludable
en putridas heridas,
cuyas materias chupa corrompidas,
y a la larga se pega
tenacisimamente, y solo llega
la piedra a despegarse.,
quando la llaga está para cerrarse.

(Santos Díez González, La casa de campo, poema castellano, traducido del latino, intitulado Praedium Rusticum del P. Vaniere, Madrid, 1785)
 


Comentarios

  1. Me parece genial, pero yo no la quiero. ¿Y si vuelve a su estado natural?:)

    ResponderEliminar
  2. Ya demiostró Feijoo en su momento que esto de la piedra serpentina era un fraude. Así que tranquilos.

    ResponderEliminar
  3. Sí, que me dan pánico...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).