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Apariencias

  
 
     -¿Es verdad que es usted... marciano?
     -Sí.
     -¿Y son ustedes como nosotros, por lo visto?
     -No. Mi forma actual está facilitada por una técnica de la que sería absurdo hablar ahora.
     Abrió su chaqueta, mostrando una compleja hebilla en el cinturón que sujetaba sus pantalones.
     Este aparato hace que pueda ser visto de una manera especial: es una cuestión de óptica y psicología, al mismo tiempo.
     -Y... ¿cómo son ustedes, en realidad?
     -¿Le interesa saberlo?
     -Muchísimo.
     -Ya comprendo, sigue sin creer del todo en lo que digo.
     Oprimió el botón y Elakron el Joven apareció como era en realidad, mucho más bajo que el profesor con su enorme cabeza y una desproporción un tanto ridícula.
     Volvió de nuevo a su apariencia de John.
     ¿Convencido?

(H. S. Thels, Mientras brillan las estrelllas... Ediciones Toray, 1960)

Comentarios

  1. Esa escena la siento tan próxima. En fin, que esa novelita, con la portada tan kistch, seguro que es la mar de entretenida.

    Aunque con retraso, que tengas un buen año 2016.

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  2. Debo confesar que fue la portada lo que me indujo a comprar el librito.
    Saludos, Amaltea y Airin.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).