Ir al contenido principal

Hombre pez

Thomas Love Peacok (1785-1866)

Thomas Love Peacock es un autor excéntrico dentro del panorama literario inglés. Es autor de un conjunto de novelas muy personales, de carácter satírico y humorístico, en las que por lo general un personaje recibe en su residencia o castillo a una serie de invitados, representativos de diferentes ideas y actitudes, con los que habla y entabla relaciones de diverso cariz. Entre estas novelas "conversacionales" destaca Nightmare Abbey, publicada en 1818, donde satiriza el movimiento romántico y a escritores como Coleridge, Byron o Shelley (de quien, por cierto, Peacock fue amigo en su juventud).
En el capítulo VII de Abadía Pesadilla aparece un visitante, Mr. Asterias, un ictiólogo y coleccionista de todo tipo de especímenes marinos. En un momento determinado, y en auxilio de la existencia de sirenas y tritones, Asterias cita al P. Benito Jerónimo Feijoo: "El ilustre Don Feijoo ha conservado una auténtica y bien atestiguada historia de un joven español, llamado Francisco de la Vega, quien, bañándose con alguno de sus amigos en junio de 1674, de repente se sumergió en el mar y no volvió a salir. Sus amigos pensaron que se había ahogado... Cinco años más tarde, cerca de Cádiz, unos pescadores encontraron en sus redes un tritón u hombre marino..."


En efecto, este curioso caso lo trata Feijoo en su Teatro Crítico Universal, tomo sexto, discurso octavo: "Examen filosófico de un peregrino suceso de estos tiempos", precisando que Francisco de la Vega era natural de un lugar llamado Liérganes, próximo a Santander. Tan famoso llegó a ser este legendario hombre pez, que en la actualidad dispone de una estatua en su pueblo.   

Comentarios

  1. No se puede desperdiciar oportunidad de leer otro autor satírico británico -hay tantos y tan buenos-.
    Felicidades por la presentación, acabo de ver tu nota más abajo. Si viviera en Gijón -qué pena estar tan lejos- habría asistido. Seguro que fue la mar de entretenida.
    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Peacock es uno de estos autores británicos que hacen la literatura más gozosa sin ser grandes genios de la misma.
    En cuanto a la presentación, puedo avanzar que pronto habrá presentación de"Miolinos..." en Barcelona. Ya avisaré más adelante. .

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).