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Dedos de acero


    Y corriendo tras él, disparó consecutivamente hasta cuartro veces, gastando los cuatro proyectiles que quedaban en su colt; a cada disparo, el duro capataz saltaba como un simio emitiendo gruñidos de fiero folor y seguía corriendo con menos vigor, hasta que de repente, cayó al suelo y se volvió hacia arriba en un gesto desesperado de defensa.
    Su revólver sin recargar salió volando despedido de su mano y fue a dar de refilón en la frente de su enemigo abriéndole una herida en el lugar del impacto, pero Cravat ya era insensible al dolor. Solo le acuciaba el ansia de acabar con aquella fiera que con el cuerpo lleno de plomo aún daba coletazos de serpiente boa.
    Y se arrojó sobre él echándole las manos al cuello. "El Irlandés", reuniendo las pocas fuerzas que la pérdida de sangre le permitían usar, trató de defenderse, pero los dedos de acero de Cravat tenían la fuerza de las garras de un gavilán y apretaban con ansia infinita obligando a su víctima a saltar el cuerpo herido sobre la tierra en espasmos de dura agonía.

(W.Martyn, No hay enemigo pequeño. Colección "Rodeo", Editorial Cies, ca. 1947)

Comentarios

  1. Qué bonita metáfora: "Los dedos de acero de Cravat tenían la fuerza de las garras de un gavilán".

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  2. Metáforas entre tópicos. Esta parece ser la clave de estos textos.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

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Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).