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Ángeles Villarta


Ayer sábado recordaba José Ignacio Gracia Noriega, en un artículo publicado en La Nueva España, la figura de Ángeles Villarta Tuñón. Pedía para ella, como reconocimiento a su obra, el premio Princesa de Asturias de las Letras. No creo que los de la Fundación le hagan mucho caso, pero bien está, y es de justicia, que se recuerde a esta escritora asturiana, residente en Madrid, que en la actualidad cuenta 102 años de edad. Nacida en Belmonte de Miranda, pasó su infancia en Lastres (en la casa conocida ahora como del "Doctor Mateo", por la serie televisiva) y se educó en Friburgo (Suiza). Establecida en Madrid desde el inicio de la guerra civil, Villarta estuvo muy activa en los años cuarenta y cincuenta. Fue profesora mercantil, enseñó francés, colaboró con Auxilio Social y ejerció de periodista en varios medios de comunicación de la capital, con crónicas de actualidad, artículos de opinión, moda, entrevistas, etc.
En el ámbito editorial relanzó la colección "La Novela Corta", donde colaboraron algunos de los escritores más renombrados del momenro, de Pío Baroja a Enrique Jardiel Poncela; creó la Colección Las Gemelas y dirigió la revista humorística Don Venerando. Intervino en programas de radio y televisión ("El alma se serena"), Entre su abundante obra literaria destacan novelas: Muchachas que trabajan, Yo he sido estraperlista, Con derecho a cocina, Una mujer fea... Esta última ganó en 1953 el premio Fémina, creado por la editorial Colenda. Escribió también cuentos, biografías (Isabel la Católica, Santa Teresa de Jesús) y poemas (La taberna de Laura, Fervor de Madrid, Costa verde). En Asturias. Cumbre, valle, mar despliega su devoción por el paisaje de su tierra natal, "verde de carne vegetal, de un verde irrecusable el mar..."

Comentarios

  1. Desde luego, bien merece reconocimiento. Su actividad cultural y literaria -desconocida hasta hoy para mí- revela un carácter resolutivo y mucha inteligencia.Sobre todo si tenemos en cuenta lo bien que se desenvolvió, tal como cuentas, en una sociedad tan pacata con las mujeres.

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  2. Pues sí, no debió serle fácil. No ha dejado, que yo sepa, ningún libro de memorias. Lástima.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).