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Carnaval


Por más que la iglesia se deshaga en lágrimas y en gritos de penitencia en los divinos oficios, para empezar con provecho la santa cuaresma, se deja que gima, y entretanto con pretesto de celebrar el carnaval, se derraman muchos y se abandonan a todo género de fiestas y de alegrías insensatas. Se cree con fundamento, que estas licenciosas diversiones traen su origen del paganismo; pues el mes de enero era profanado por los paganos con regocijos indecentes y con un libertinaje disoluto en honra de Baco, por lo que estos días de destemplanza y de embriaguez, se llamaban fiestas bacanales. Las antiguas se celebraban en un cierto lugar de Atica, donde Baco tenía un templo, y habíanse establecido para esta ceremonia catorce mugeres. Las sacerdotisas de Baco se llamaban bacantes, y cuando celebraban dichas fiestas, corrían de noche vestidas de pieles de tigre o de pantera, unas desmelenadas con antorchas encendidas, otras coronadas de pámpanos e hiedra, y en las manos tenían varas enramadas de hiedra y de hojas de parra. Acompañábanlas tañidores de címbalos, clarines y tambores, y daban gritos horribles. No es pues estraño, que se asegure traer de ahí origen los disfraces y bailes de carnaval.

(Juan de Zafont y de Ferrer, Almanaque religioso, civil y literario para el año 1843, Imprenta de Juan Francisco Piferrer, Barcelona, 1842)

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Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
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Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

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-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
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-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
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-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
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-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.