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Un poema de Venancio Fortunato

Venancio Fortunato (c. 535-c. 603)


A PLACIDINA, ESPOSA DE LEONCIO, OBISPO DE BURDEOS

Recibe con benevolencia, te lo ruego, piadosa, estos dones insignificantes, tú, que en este mundo  resplandeces más que un valioso presente. A fin de que esta isla te los diese de entre las olas, el Océano lanzó con furia sus aguas. Mientras quería, anheloso, visitar aquellos paisajes marinos, una tormenta furente de la parte del Norte me desvió. A pesar de esto, para que tu generosidad se manifestase plenamente, se me ofreció en tierra lo que buscaba en el mar.

(Versión a partir de la traducción del latín al catalán de Josep Pla i Agulló, Venanci Fortunat, Poesíes, I, Fundació Bernat Metge, 1992)

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).