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La palabrera


    En el taller, sobre una tarima de superficie rombal, reposaba majestuosa La Máquina de la Ilusión y el Albedrío, que era así como María Salesa y él decidieron llamar al invento; bien es cierto que, como suele suceder con esos padres melindrosos que deciden bautizar pomposamente a su hijo con tres o más nombres para concederle un aura de distinción que le acompañe de por vida, total para terminar llamándolo con un hipocarítico o un apodo del tipo Toto, Cary, Nené, Toni o La Bizquita, a La Máquina de la Ilusión y el Albedrío terminaron por llamarla, y así lo hacía todo el mundo, La Palbrera sin más (...).
    Ay, La Palabrera..., ese invento de Verbo Paulatino; esto es, máquina lexicográfica capaz de destilar significados y valores semánticos para, a partir de dicha elaboración, indagar y abrir nuevos caminos que llevaran al hallazgo rápido y cómodo de un vocablo concreto, por regla general bien escondido en el diccionario, y no digamos en la memoria de los usuarios del idioma. Incluso estaba preparada -ya es el no va más- para la lixiviación de las palabras, siendo capaz, una vez tomadas éstas, de separar sus partes esenciales, dejando a un lado las partes solubles y a otro las insolubles.

(Fernando Fonseca, Apabullante silencio extranjero. Pez de Plata, 2014)

Comentarios

  1. La máquina de la ilusión y el albedrío, quisiera tenerla conmigo. Albedrío es la libertad de elección y la ilusión, el deseo, a veces una quimera, que casi nunca se materializa . Extraña combinación.

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  2. Cierto, no vendría nada mal disponer de una máquina como esta.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).