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Escritura y público


Escribir literatura no es un gesto social. Puede encontrar un público pero, en la medida en que sea literatura de verdad, ese público no deja de ser sino destinatario provisional: está creada para lectores imprecisos, lectores que aún tienen que nacer, lectores a no nacer nunca, lectores ya nacidos y muertos; también lara lectores imposibles. A menudo, como un discurso propio de locos, presupone la ausencia de lectores. En consecuencia, al escritor le cuesta estar al tanto de los acontecimientos; como en las viejas historietas, se rie y llora a destiempo. Sus gestos son torpes y solo secretamente exactos, es muy imperfecta su forma de dialogar con sus contemporáneos. Es un fulminante tardío y sus discursos son ininteligibles para muchos, también para él mismo. Hace alusión a acontecimientos ocurridos hace dos siglos, que ocurrirán dentro de tres generaciones.

(Giorgio Manganelli, La literatura como mentira. Editorial Dioptrías, 2014. Traducción de Mariogiovanna Lauretta)

Comentarios

  1. No sé dónde leí que un libro es un artefacto que adquiere vida solo cuando alguien lo lee. Me parece muy apropiada la definición. Los lectores de lo que está escrito o aún por escribir, contaminamos con nuestra vida el libro que leemos.
    Que tengas un buen año 2015.

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    Respuestas
    1. Cada lector recrea, a su modo, lo que lee. Esta es una de las grandezas de la literatura.
      Feliz 2015

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  2. La magia de leer...cada libro es un mundo, cada autor es un mundo. El poder de la imaginación, de sentir empatía con los personajes, el pasar las hojas una a una y marcar, en mi caso, las frases más significas son un regalo. Gracias por inculcame el amor por los libros.

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  3. De nada, Airin. Que sea por muchos años-

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  4. Desde luego el nombre de la editorial acompaña a estar al tanto de ciertos detalles:)

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  5. Afortunadamente el tamaño de la letra no es disuasoria para los que gastamos bastantes dioptrías...

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).