Ir al contenido principal

La muerta viva


Más admirable que todo lo referido es lo que sucedió a David Hamilton , médico de Londres con una mujer noble. Cuéntalo él mismo en el tratado que escribió De Febre Miliari. De resulta de un parto trabajoso, fue invadida la enferma de quien hablamos de una fiebre miliar; y agravándose frecuentemente los síntomas, después de una convulsión universal, cayó en tan profundo deliquio, que todos la creyeron muerta; de modo que yendo el médico Hamilton a visitarla de orden del marido de la paciente, le estorbaban los criados la entrada, pero él porfió hasta que logró verla. Hallola con toda la palidez e inmovilidad propia de la muerte. Tocó la arteria; ni el menor vestigio de movimiento pulsatorio había en ella. Aplicó un espejo a la boca y narices; no recibió la menor turbación. Sin embargo, por alguna conjetura tomada de los antecedentes, sospechó quye era semejanza de la muerte aquella y no muerte verdadera. Ordenó luego que la dejasen estar en la cama si hacer novedad alguna en la ropa hasta que pasasen algunos días, ni la enterrasen (lo que es muy digno de ser notado) hasta que se pasase una semana entera. Prescribió algunos remedios para recobrarla. Apenas querían oirle. Venció en fin al marido y fue llamado un cirujano para sajarle ventosas, que era uno de los remedios ordenados. Vino el cirujano; y después de bien contemplado el cuerpo de la enferma, preguntó con irrisión a los domésticos: ¿para qué querían que se aplicasen ventosas a una difunta? Mas al fin, cediendo a sus instancias, las aplicó. Continuáronse de orden del médico los remedios, la enferma siempre como muerta, hasta que pasados dos días empezó a respirar blandísimamente; el día siguiente, a hablar y moverse. En fin, sanó del todo y vivió después cinco años.

(Benito Jerónimo Feijoo, "Señales de muerte actual", en Teatro Crítico Universal, tomo V, discurso VI, 1733)

    

Comentarios

Entradas populares

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

El Centauro

Maurice de Guérin, nacido en 1810 en el castillo albigense de Caylar, en Andillac, y muerto en el mismo lugar poco antes de cumplir los veintinueve años, es uno de los más exquisitos poetas románticos franceses. Su obra, póstuma, es tan breve como corta fue su vida. Jules de Goncourt dijo que entre los poetas modernos solo Maurice de Guérin hizo el hallazgo de una lengua para hablar de los tiempos antiguos. También fue elogiado, entre otros, por Sainte-Beuve, Remy de Gourmont, Rilke y Mauriac.
En julio de 1954 se publicó en Albi (Tarn), en la Imprimerie Coopérative du Sud-Ouest, un librito de 44 páginas, en octavo, con su poema en prosa más celebrado, "Le Centaure", en el que un viejo compañero de Quirón, llamado Macareo, expone al adivino Melampo sus pensamientos sobre el paso del tiempo y evoca con nostalgia su vigorosa juventud. El poema fue dado a conocer por George Sand en 1840 en la Revue des Deux Mondes. 
La edición incluye, además del texto original, la traducción …

De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
Una de las canciones más recordadas de Enric Madriguera es "Adiós", co…