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Reynolds Price


Aunque excelente escritor, Reynolds Price (1933-2011) no goza de la misma nombradía que otros escritores de su generación, tales como John Updike, Philip Roth o Don DeLillo. Price nació en Macon (Carolina del Norte) y se graduó en la universidad de Duke. En 1955 viajó a Inglaterra para estudiar literatura inglesa en el Merton College de Oxford. De vuelta a los Estados Unidos consiguió plaza de profesor en Duke, donde ejerció la docencia a lo largo de cinco décadas. Se estrenó brillantemente como narrador con la novela Una vida larga y feliz (1962), que obtuvo el premio de la Fundación Wlilliam Faulkner y una gran acogida tanto de crítica como de público. A esta siguieron más novelas, relatos, poesía, ensayos, traducciones, hasta alcanzar casi cuarenta libros. Su novela Kate Vaiden (1986) fue muy popular y obtuvo el Premio Nacional de la Crítica. Reynolds Price ha sido traducido a diecisiete idiomas.   
En su libro póstumo Midstream. An Unfinished Memoir (2012) repasa su estancia en Oxford a principios de los años sesenta, coincidiendo con la publicación de su primera novela, y recuerda su amistad con sus profesores Nevill Coghill y David Cecil, así como con el poeta Stephen Spender.  Anne Tyler, que fue alumna de Price en la Universidad de Duke, lo considera uno de las voces más importantes de la ficción sureña, y Eudora Welty dijo de él que era "el escritor más fascinante que haya ancontrado desde hace muchos años". Inexplicablemente Reynolds Price sigue inédito en España.

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Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta