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La chica de la moto


"Solo con su cuerpo y desde dentro de él como una víbora, haciendo inclinar esa motocicleta negra a un lado y a otro, entrando en la lenta línea de coches y saliendo de ella para llegar allí primero, mirando hacia el norte a través de las antiparras y dirigiéndose hacia Mount Moriah y moviendo colas de coatí frente a todos, iba Wesley Beavers, y echada contra su espalda como dormida, a horcajadas en el asiento de piel de cordero que estaba detrás de él, iba Rosacoke Mustian, que acaso fuese su muchacha y que había renunciado a mirar cara al viento y trataba de saludar con una inclinación de cabeza a cada coche triste que aparecía en la fila, y cuando él aumentó la velocidad y pasó el camión (alquilado esa tarde por el señor Isaac Alston y conducido por su peón, Sammy, que transportaba un ataúd de pino y a un muchacho negro vestido con todo lo que pudo conseguir prestado, sentado en un asiento trasero, rodeado de flores y con un pie sobre el ataúd para sujetarlo); cuando hubieron pasado también el camión, Rosacoke dijo una vez a sus espaldas "No, no" y permaneció como humillada, no pensando en nada pero con sus manos en las caderas de él para salvar la querida vida, mientras su blusa blanca se henchía tras de ella como una bandera derrotada."

(Comienzo de Una vida larga y feliz, de Reynolds Price, Editorial Sudamericana, 1969. Traducción de Roberto Bixio)
 

Comentarios

  1. No conocía al autor, no sé por què pero ese fragmento me recuerda a Walter Percy.

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  2. Cierto. Los dos son escritores sureños.

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FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
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(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

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Don Murray: ¿Por qué?
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OJOS PRIMITIVOS

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     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).