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La chica de la moto


"Solo con su cuerpo y desde dentro de él como una víbora, haciendo inclinar esa motocicleta negra a un lado y a otro, entrando en la lenta línea de coches y saliendo de ella para llegar allí primero, mirando hacia el norte a través de las antiparras y dirigiéndose hacia Mount Moriah y moviendo colas de coatí frente a todos, iba Wesley Beavers, y echada contra su espalda como dormida, a horcajadas en el asiento de piel de cordero que estaba detrás de él, iba Rosacoke Mustian, que acaso fuese su muchacha y que había renunciado a mirar cara al viento y trataba de saludar con una inclinación de cabeza a cada coche triste que aparecía en la fila, y cuando él aumentó la velocidad y pasó el camión (alquilado esa tarde por el señor Isaac Alston y conducido por su peón, Sammy, que transportaba un ataúd de pino y a un muchacho negro vestido con todo lo que pudo conseguir prestado, sentado en un asiento trasero, rodeado de flores y con un pie sobre el ataúd para sujetarlo); cuando hubieron pasado también el camión, Rosacoke dijo una vez a sus espaldas "No, no" y permaneció como humillada, no pensando en nada pero con sus manos en las caderas de él para salvar la querida vida, mientras su blusa blanca se henchía tras de ella como una bandera derrotada."

(Comienzo de Una vida larga y feliz, de Reynolds Price, Editorial Sudamericana, 1969. Traducción de Roberto Bixio)
 

Comentarios

  1. No conocía al autor, no sé por què pero ese fragmento me recuerda a Walter Percy.

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  2. Cierto. Los dos son escritores sureños.

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"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


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"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

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Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.