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Lackington

El publicista Charles Knight escribió una evocadora semblanza de James Lackington en su libro The Shadows of the Old Booksellers (1865), la cual fue editada con el título de El zapatero librero por la valenciana Editorial Castalia en 1947, en su colección "Gallardo" de opúsculos para bibliófilos, con traducción de M. Cardenal de Iracheta. Lackington fue famoso por haber fundado en Londres, en Finsbury Square, la tienda Lackington, Allen y Compañía, más conocida por El Templo de las Musas, "donde casi medio millón de volúmenes están constantemente a la venta".

 El Templo de las Musas

Lackington había nacido en 1746, en Wellington, de familia muy pobre, Cuando tuvo catorce años sus padres le pusieron de aprendiz de un zapatero en Tauton. Más tarde se independizó y se trasladó a Bristol. En torno a los treinta volvió a Londres y abrió una pequeña librería en la calle Chiswell. A partir de entonces su negocio no dejó de crecer, gracias sobre todo a sus novedosas técnicas de ventas, como bien se encargó él mismo de enumerar en sus Memorias de los cuarenta y cinco primeros años de la vida de James Lackington (1791), en las que, entre otras cosas, escribe: "Así como el rey de Bohemia conservó sus zapatos de campesino para recordar cual había sido su origen, así puse yo una leyenda en las puertas de mi carruaje para rememorar constantemente a qué debía mi prosperidad: Pequeñas ganancias producen grandes fortunas." Como era previsible, Lackington fue censurado y rechazado, cuando no envidiado y odiado.



En un grabado satírico de la época, inserto en la mencionada edición de Castalia, se puede ver al antiguo zapatero remendón, convertido ya en rico librero, en el acto de subirse al carruaje de marras. Una multitud de vecinos le rodean, chanceándose. Lackington, indiferente, se apoya para subir al coche en tres gruesos volúmenes, sus mayores éxitos de ventas (a saber: el Common Prayer, los sermones de Tillotson y la Sagrada Biblia). Repárese, en primer plano, en el perrito haciendo caca sobre un libro abierto, presumiblemente sus memorias. 

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"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

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Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
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-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
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-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
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-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
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Incierta Fritillaria

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