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Jamones y jamonas


A pie, me introduje por la calle Escudillers. Era de noche y brillaban las luces de reclamo de los establecimientos a un lado y otro de la calzada.
    Las estrechas aceras obligaban a caminar por el asfalto para no tropezar con los que venían en dirección contraria.
    Me detuve ante el Tequila, un bar donde se podían encontrar muchas cosas de las que buscan los solitarios y los insatisfechos.
    (...)
    Me acodé en la larga barra, casi al fondo del local. Había mucho humo y olía a humanidad, a tabaco y a otras cosas de difícil clasificación.
    -¿Me das fuego? -me preguntó una voz de mujer.
    Me volví y vi a una rubia teñida con ojos excesivamente pintados, labios cargados de rouge y un aire de cansancio que en vano trataba de disimular con una sonrisa forzada.
    Le encendí el cigarrillo y pregunté:
    -¿Está la Dolly?
    Puso un gesto de asco y miró en derredor.
    -Debe de estar con algún amigo.
   -¿Cliente?
    ¿No te voy mejor yo? Quizá tú mismo te sorprendas de las posibilidades de tu grúa.

(Ralph Barby, Perfume a jamón. Colección "Punto Rojo", Editorial Bruguera, 1985)
 

Comentarios

  1. Qué brillantes son estos personajes, da gusto pensarlos.

    Gracias Jorge

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  2. Ralph Barby (en realidad Rafael Barberán) es de la escuela de González Ledesma. Bebieron de las mismas fuentes.

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FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
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(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

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Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).