Ir al contenido principal

Muir

John Muir (1838-1914)
 
El naturalista John Muir es una figura relevante en la historia del conservacionismo y ambientalismo americanos. Nacido en Escocia emigró con su familia a los Estados Unidos, asentándose en una granja en Wisconsin. Estudió botánica y geología en la universidad de Wisconsin. Desde 1863, cuando dejó la universidad, y 1868, en el que se instaló durante seis años en una cabaña en el valle de Yosemite, siguiendo las enseñanzas de su admirado Thoreau, Muir viajó miles de millas a pie desde Canadá hasta Florida y México. Exploró también Alaska, contribuyendo a los estudios de glaciología. 
A lo largo de su vida Muir luchó contra la destrucción paisajística provocada por la explotación comercial e industrial y en favor de la preservación de los ambientes naturales. Fundó el Sierra Club y sus artículos y libros sobre Yosemite y otros entornos naturales de gran belleza en la Sierra de California fueron decisivos en el desarrollo del movimiento de los Parques nacionales estadounidenses.
En sus libros, como The Mountains of California (1894), The Yosemite (1912) o Travels in Alaska (1915) se muestra como un excepcional observador de la naturaleza. Sus escritos destacan por su amor a los animales y a los árboles y rocas que forman bosques y montañas.Su prosa está salpicada de detalles geológicos. Así, por ejemplo, en My First Summer in the Sierra (1911), Muir asciende a la cumbre del Monte Hoffman. Su descripción de las vistas desde la cima son espléndidas, combinando lo rapsódico con el léxico científico: "La superficie del terreno, tan aburrido y adusto a primera vista (...) brilla y centellea con cristales: mica, hornblenda, feldespato, cuarzo, turmalina (...) cada uno con sus destellantes rayos de colores como lanzas..."

Comentarios

  1. Un escritor y explorador curioso, este señor Muir.

    Gracias Jorge

    ResponderEliminar
  2. En EE.UU. es muy conocido. Aquí no hace falta decir que no.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800. Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directori

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio. Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo. Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?