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Entre hombres

Catalina II, por Fedor Rokotov

A Catalina II hay que mirarla desde muy alto y de lejos, como a todas las grandes reputaciones, como a todos los edificios monumentales. No convienen a la Historia los personajes en mangas de camisa, ni la verdad desnuda. Por esta causa, probablemente, llamaba Byron a Clío "la mentirosa desvergonzada".
   "En la corte de un rey -dice Horacio Walpole-, gobiernan las mujeres, y los hombres en la de una reina." Horacio Walpole no supo adivinar a Catalina, que no dejó de mantenerse siempre emperatriz, aun sucumbiendo a sus pasiones en el torrente de los favoritos investidos con el cargo mudable de "ayudante general". Detrás y dentro de la mujer había en ella un hombre, que era el que en conversación familiar con su filósofo predilecto, Diderot, allá al amor del fuego en el pequeño palacio de la Ermita, solía decirle, si vacilaba el enciclopedista en dar rienda suelta a su francesa y no muy púdica facundia:
   -¡Adelante, Diderot, adelante; que aquí estamos entre hombres solos!

(Arsène Houssaye, Catalina II. Ediciones de la Gacela, Madrid-Barcelona, 1942) 

Comentarios

  1. Una dama con pantalones y un espíritu poderoso. ¡Ay, Catalina, Catalina! esa frase final es buenísima.
    ¿Estarían de verdad entre hombres?.

    Hoy en día, los personajes de la corte (especialmente las mujeres) se dan a conocer por todo lo contrario. Son damiselas de la moda. Hay que ver lo que cambian los tiempos.


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  2. Por lo que dice Houssaye, tal parece un espíritu masculino encerrado en un cuerpo femenino, y aprovechándose de los dos.

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  3. jajajaa, muy bueno... ¡qué bicho! ehhh.

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