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Consejos a los tertulianos




ARTÏCULO IV. De las concurrencias o reuniones.

Al tomar parte en las conversaciones no debemos ser demasiado habladores, porque cansaríamos a todo el mundo, ni demasiado callados, por no parecer como estatuas, cosa que desagrada infinito, porque da a entender que no tomamos interés alguno en los razonamientos de los otros.
    El tono de la voz no ha de ser tan alto que ofenda los oídos, ni tan bajo que se perciba con dificultad: debemos hablar sin precipitación, y evitar el altanero desdén y la afectación empalagosa (...)
    Cuando se suscite alguna cuestión, o diga cualquiera de los circunstantes alguna proposición contraria a nuestro dictamen, no hemos de ser demasiado fáciles en contradecirle, y aun cuando sea preciso debemos hacerlo con agrado y buen modo.
    Sobre todo es menester guardarse de desmentir abiertamente a persona alguna, como diciendo es incierto, o no es así; antes cuando tengamos que contradecir alguna cosa, debemos primero pedir venia, y después añadir modestamente: me parece, o tengo entendido que esto es de este modo o del otro.

(Juan de Escoiquiz, Las obligaciones del hombre, Imprenta de Gómez e Inglada, Barcelona, 1869)

Comentarios

  1. Acudí una vez a una tertulia literaria donde asistieron personas de Madrid y de otras tierras del norte de españa que no habían hablado nunca con andaluces.
    Leí un relato y cuando acabé, varios de los tertulianos me miraron y me dijeron: lees muy mal, no se te entiende nada. Entonces dije, es que soy de un pueblo de andalucía, no sé hablar de otra manera.
    El profesor me miró y me dijo que volviera a leer pero esta vez más relajada, pero tampoco me entendieron.
    ¿Tendré que aprender a hablar? o hay personas que no se esfuerzan por escuchar.
    No lo sé.

    Jorge, un post muy interesante. Gracias


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  2. Lamentablemente, en cuestión de acentos, nada dice Escoiquiz en su manual; pero seguro que pondría la educación y el respeto al otro por encima de todo.

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  3. En ese momento sólo se me vino un detalle curioso de mi vida, cuando me dijeron que salí en canal sur hablando con un profesor en la terraza de una cafetería. El programa iba de las voces andaluzas. Pero no merecía la pena comentarlo.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).