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Montaner


Joaquín Montaner, por Salvador Dalí


Aunque nacido en Villanueva de la Serena, Joaquín Montaner (1892-1957) llevó a cabo su actividad literaria en Barcelona. Fue, sobre todo, poeta, ensayista y autor dramático. En esta última faceta estrenó varias obras teatrales, algunas de ellas interpretadas por Margarita Xirgu, y se ocupó de los autores clásicos del siglo de Oro y del romanticismo. Tradujo al castellano a Maragall, Carner y Josep Mª de Sagarra. Su novela de ambiente extremeño, Don Ramiro el Grande, obtuvo el premio Ciudad de Barcelona en 1951. Uno de sus poemarios, Meditaciones líricas, impreso en Barcelona en 1918 en las prestigiosas prensas de Oliva de Vilanova, incluye poemas elegíacos (dedicados a la muerte de su hermano pequeño), intimistas y religiosos. El último poema del libro, sin embargo, contrasta con el tono poético general y resulta un tanto sorprendente. Lleva por título "A la exaltación del pueblo ruso", y estos son algunos fragmentos del mismo:

Pueblos: razas distintas del norte y del sur,
del este y del oeste;

hermanos de la nieve y de los témpanos;

amigos del alcohol; solitarios de los bosques anchurosos, místicos de las estepas;

de las montañas enormes; borrachos de las ferias y de los villorrios; mercaderes y labriegos;

gentes de piel de bronce; campesinos, supersticiosos, pobres, misérrimos. Urbe diversa.

Y vosotros libres, adinerados rústicos; hombres de fe y de buenos consejos,

ancianos de barbas luengas y apostólicas; de báculo y de sermón:

¡todos os habéis desvelado para sonreir al júbilo de vuestra Grande Aurora!

(...)

Esta es la Aurora, nada más, la aurora,

y ha de llegar, ha de sentar el día;

y ha de arder en las nubes el crepúsculo, para que, cuando el velo de la noche caiga sobre vosotros,
no sea un manto de tiniebla y muerte,

sino sólo una puerta que se entorne

para volverse a abrir y dejar clara

la visión de una diáfana blancura,

de campo en paz, de tierra en paz, de cielo

donde humeen fogatas de victoria.

¡Os alumbra una estrella, hermanos míos, y os señala una ruta. Vedla:

¡Koënisberg!






Comentarios

  1. Pues es bonito, se lee y parece muy íntimo; como si no sólo fuera para el pueblo ruso.

    *

    Perdón por los comentarios que salen repetidos, no sé por qué motivo ocurre.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Lo que me temo es que Montaner, con el tiempo, debió de arrepentirse de su canto a la revolución rusa. ¡Pecados de juventud!
    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Sí, pero son pecadillos sin importancia jajaa...

    ResponderEliminar

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