Ir al contenido principal

Cuthbert y las nutrias

San Cuthbert (634-687)

En el libro de Philip Hoare El mar interior (El Ático de los Libros, 2013. Trad. de Joan Eloi Roca) se habla en un pasaje de san Cuthbert de Lindisfarne:

Este hombre, rubio y altlético, "un zurdo incorregible", se convirtió en un amante fervoroso de los  pájaros y los animales y en un un no menos fervoroso misionero del norte de Inglaterra y Escocia. Su figura alimentó notables historias de milagros, relatados por su hagiógrafo, el Venerable Beda. En una ocasión, cuando una tormenta lo varó en una playa picta durante tres días, Cuthbert y sus hambrientos hermanos encontraron tres trozos de carne de delfín recién cortados y listos para cocinar (...) En otra ocasión, mientras se alojaba en la abadía de Coldingham, en la costa de Escocia, Cuthbert salió por la noche a rezar y se metió desnudo en el agua. Los monjes del norte eran dados a esas gélidas inmersiones nocturnas para evitar no dormirse en sus largas vigilias...
Después de pasar las horas de oscuridad metido hasta el cuello en el agua, Cuthbert regresaba a la orilla al amanecer, seguido por dos nutrias que jugueteaban entre sus pies, calentándole los dedos con su aliento y secándolos con su piel. Cuando terminaron, el santo las bendijo y regresaron al mar.  

Según Las Vidas de los Santos Padres, Mártires y otros Santos Principales (1756), del reverendo Alban Butler, san Cuthbert, previendo que su muerte se acercaba se retiró a la pequeña isla de Farne, para llevar una vida de ermitaño:

El lugar estaba deshabitado y no tenía ni agua, ni árboles ni grano. Cuthbert se construyó una cabaña y obtuvo gracias a sus plegarias abundante agua fresca en su celda. Aunque los hermanos vinieron a visitarlo, les dio consejo espiritual sólo a través de una ventana, sin salir nunca de su celda.





Comentarios

  1. No hay duda, era un santo.
    Habrá que invocar a San Cuthbert cuando la ocasión lo requiera, no a tontas y a locas, por capricho de un día.
    Desde luego, sobrevivir una noche de baño en aguas escocesas, aunque sea en verano, es un prodigio sin parangón.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Méritos para ser un santo prodigioso desde luego hizo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Lejos de creerme estos milagros, pienso que hay personas verdaderamente buenas que se merecen que se les reconozca como tales. Y más con esas historias tan bonitas. Por eso hay que llamarlo así.
    No es lo mismo San que Don Cuthbert jeje

    besos.




    ResponderEliminar
  4. Por cierto, he de decir que "El mar interior de Philip Hoare" está lleno de variadas e interesantes historias.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.