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Nuevo libro




Cuarenta y nueve diablos "superiores y mandamases", cincuenta y siete "intermedios y de oficios" y sesenta y seis "menores y del montón" constituyen este fabuloso y divertido repertorio de las huestes infernales que, con tanta erudición como humor, nos ofrece Jorge Ordaz continuando así una tradición presente a lo largo de la historia de las letras hispánicas.
Temibles unos, inofensivos otros, influyentes e irrelevantes, malhumorados y divertidos, eficientes e ineptos..., de variada condición y procedencia, la saga diabólica que el lector tiene en sus manos encarna y representa el no menos variado repertorio de nuestras propias virtudes y debilidades.

(Texto de la contracubierta de Diabolicón, Ediciones Trea, 2013).

Comentarios

  1. No sé si llamar a un exorcista o dedicarme a leer Diabolicón.
    Felicidades por la publicación y por esos diablillos que, estoy casi segura, serán la mar de inofensivos y risueños.

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  2. Siempre interesante echarle una mirada al infierno. Quizá acabemos descubriendo el nuestro. Felicidades por la publicación.

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  3. No hay que ir muy lejos para encontrar el infierno. Gracias Enric.

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  4. Gracias, Ana. Espero no defraudarte.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).