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"La flauta mágica": conexiones geológicas (II)

Karl Ludwig Giesecke (1761-1833)

El libreto de La flauta mágica de Mozart se debe a Emanuel Schikaneder, que además fue el director de la compañía que montó su estreno en Viena. En dicho estreno tuvo un pequeño papel como figurante el actor Karl Ludwig Giesecke, quien también ejercía de escritor, traductor y arreglista. Giesecke permaneció asociado a la compañía de Schikaneder hasta el año 1794, en el que optó por dar un nuevo rumbo a su vida. 
El verdadero nombre de Giesecke era Johann Georg Metzler, y había nacido en Augsburgo. Estudió en la universidad de Gotinga, donde tuvo como profesor al naturalista Blumenbach. Al igual que Mozart, Schikaneder y von Born, Giesecke era francmasón. Tras su etapa en la compañía teatral, se dedicó a viajar y a ampliar estudios. Acudió a la célebre Bergakademie de Freiberg, donde atendió a las clases de geognosia de Abraham Gottlob Werner. Más tarde se trasladó a Suecia y luego a Copenhague, donde se instaló como consejero minero. 
Entre 1806 y 1813 permaneció en Groenlandia, donde llevó a cabo un intenso trabajo científico y exploratorio. A la vuelta se estableció en Escocia, donde consiguió una cátedra de Mineralogía en la Royal Society de Dublín. Fue aquí donde se cambió su nombre por el de Charles Lewis Giesecke, adquiriendo una gran popularidad con sus conferencias públicas sobre temas geológicos. En un viaje que hizo a Viena para intercambiar especímenes con el Museo Imperial, reclamó para sí la autoría de La flauta mágica, lo que provocó polémica. 
Giesecke aparece brevemente como un personaje en la novela Harry Lorrequer (1837) del novelista irlandés Charles Lever; y algunos han querido ver a Giesecke  como el modelo para el Wilhelm Meister de Goethe.      

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FINAL

Cuando el amor solo sea
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Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

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     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).