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Blusas explosivas


     Burt arrojó el resto del cigarrillo al agua y se apresuró a bajar del barco, para ayudar a las chicas a llevar sus cosas.
     Las dos vestían pantalones y blusas muy livianas, y calzaban cómodas zapatillas de deporte.
     Sylvia Norton llevaba su blusa anudada bajo los senos, no demasiado abultados, pero firmes y armoniosos. De este modo, dejaba al descubierto la morena piel de su estómago.
     Y un ombliguito que era una preciosidad.
     Como toda ella, qué demonio.
     Tambien Arlene Garrison estaba terriblemente tentadora, porque los pantalones la ceñían como la vaina a la espada, señalando atrevidamente sus rebosantes caderas. Y la blusita, muy ajustada también, marcaba descaradamente sus pechos, altos, plenos, erguidos.
     Si a la rubia Arlene le daba por respirar hondo, los botones de la tensada blusa saltarían por los aires y pasaría algo gordo, porque saltaba a la vista que bajo la ligera tela no llevaba nada.

(Joseph Berna, La diana de la muerte. Ediciones B, Colección Punto Rojo, 1994)
  

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Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.