Ir al contenido principal

Blusas explosivas


     Burt arrojó el resto del cigarrillo al agua y se apresuró a bajar del barco, para ayudar a las chicas a llevar sus cosas.
     Las dos vestían pantalones y blusas muy livianas, y calzaban cómodas zapatillas de deporte.
     Sylvia Norton llevaba su blusa anudada bajo los senos, no demasiado abultados, pero firmes y armoniosos. De este modo, dejaba al descubierto la morena piel de su estómago.
     Y un ombliguito que era una preciosidad.
     Como toda ella, qué demonio.
     Tambien Arlene Garrison estaba terriblemente tentadora, porque los pantalones la ceñían como la vaina a la espada, señalando atrevidamente sus rebosantes caderas. Y la blusita, muy ajustada también, marcaba descaradamente sus pechos, altos, plenos, erguidos.
     Si a la rubia Arlene le daba por respirar hondo, los botones de la tensada blusa saltarían por los aires y pasaría algo gordo, porque saltaba a la vista que bajo la ligera tela no llevaba nada.

(Joseph Berna, La diana de la muerte. Ediciones B, Colección Punto Rojo, 1994)
  

Comentarios

Entradas populares

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

El granjero de Rowan Oak

En el verano de 1929 William Faukner se casó con Estelle Oldham Franklin, que se había divorciado de su esposo y había venido a Oxford con los dos hijos de este matrimonio, Malcolm y Victoria (conocida como Cho-Cho). Se casaron en la vieja iglesia presbiteriana de las afueras de Oxford que construyeron los esclavos sobre College Hill. Pasaron la luna de miel en Pascagoula, y fue allí donde Faulkner corrigió las galeradas de El sonido y la furia.
Al año siguiente, animado por los ingresos que le generaban sus relatos cortos en las revistas y la próxima publicación de sus libros en Inglaterra, Faulkner  compró Rowan Oak, una casa ante-bellum de Oxford, destartalada y necesitada de restauración. Por esta casa, adquirida por 6.000 $ y pagada a plazos de 75 $, lucharía Faulkner toda su vida  Como señala Michael Millgate (The Achievement of William Faulkner, 1966): "Visto hoy, el acto de adquirir tal casa se presenta como algo práctico a la vez que simbólico, que reafirma la decisión …

Memorare Manila

Pero la debacle llegó con la batalla de Manila, ya en pleno declive del Imperio del Sol Naciente, ante la presión de las tropas estadounidenses, australianas y de los propios filipinos sobre la capital de Filipinas.
      Luis García así me lo contó:
      -Hacia el día 7 de febrero de 1945, los estadounidenses empezaron a bombardear el sur de Manila. Y fue entonces cuando el general Yamashita ordenó al almirante Ibabuchi, encargado de las fuerzas japonesas en Manila, que evacuara Manila inmediatamente. Pero Ibabuchi hizo todo lo contrario. Abrieron todos los almacenes donde tenían todos los alimentos y las bodegas donde tenían  toda la cerveza. Y se emborracharon. Cuando estaban completamente borrachos, Inbabuchi les dijo: "¡A quemar Manila!".
     Había comenzado la sanguinaria batalla de Manila que se iba a saldar con unos cien mil nuertos en menos de un mes porque los japoneses tenían la orden de no rendirse. También contribuyeron a la destrucción las prisas del ge…