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Pelea a muerte



  Morgan se volvió en redondo, lo mismo que su compañero.
  Johnny apretó el gatillo y la bala abrió un agujero en medio de la frente de Bertin,. Solo que al salir se llevó por delante la mitad de su cabeza.
  La mano del pistolero, que se había cerrado sobre la culata del revólver, se abrió y Bertin pegó contra la pared y cayó.
  Morgan volteó el brazo y el cuchillo zumbó al cortar el aire. Por un pelo no cortó también la garganta de Johnny, que se echó a un lado de un salto, pero le rozó lo suficiente para abrir un sangriento surco por el que empezó a manar sangre.
  Disparó de nuevo y Morgan se dobló en dos, agarrándose la barriga con toda la angustia del mundo reflejándose en su mirada.
  Johnny enseñó los dientes en una mueca.

(Gordon Lumas, Los buitres de Colorado, Ediciones B, Oeste Legendario, 1999)

Comentarios

  1. Gordon Lumas, pseudónimo de José María Lliró Olivé. Muy bien, no está mal recordar a estos escritores esforzados que se ganaban la vida con la variante hispánica del género pulp fiction.
    Tenía éxito con toda seguridad. Cuando era pequeña, en mi barrio, en los kioskos siempre había montones de relatos del oeste, junto a fotonovelas de Corin Tellado.

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  2. Hoy en día todavía se ven puestos de bolsilibros en algunos kioskos y mercados. Se compran, pero también se intercambian. Más de lo que pensamos.

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  3. Pobre Bertín. La bala le abre un agujero al entrar y se lleva media cabeza al salir. Si al menos fuera Bertín Osborne...

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  4. Seguro que más de uno desearía poseer una de estas balas que arrancan cabezas...

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  5. de pequeño leí muchas novelas de este señor, de Marcial Lafuente Estefanía y otros por el estilo, recuerdo que el "chico" siempre medía seis pies o más, disparaba el más rápido, su rifle y sus pistolas eran las mejores, disparaba con ambas manos, con el lazo hacía virguerías, su caballo era el mejor, el más bonito y el más alto, sus ojos azules, 'qué cosas!

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  6. Y siempre ganaban los buenos.

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OJOS PRIMITIVOS

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

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FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

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