Ir al contenido principal

Popocatepetl


El volcán Popocatepetl, a unos 70 km al sureste de México, D.F. ha entrado de nuevo en erupción. Una columna de gases y cenizas de más de dos mil metros de altura así lo confirma. Con sus 5.426 metros, Don Goyo, como es popularmente conocido, es la segunda cumbre más alta de México. La primera ascensión de occidentales a la cima del volcán se llevó a cabo en 1519, cuando un pequeño grupo, encabezado por Diego de Ordás (u Ordaz), obtuvo licencia de Hernán Cortés para ello.
Así describe la ascensión Antonio de Solís, en su Historia de la conquista de México (libro tercero, capítulo IV):


Acompañaron a Diego de Ordaz en esta facción dos Soldados de su Compañía, y algunos Indios principales (...) Quedáronse los Indios en la estancia de las hermitas y partió Diego de Ordaz con sus dos Soldados, trepando animosamente por los riscos (...) pero cuando llegaron a poca distancia de la cumbre, sintieron que se movía la tierra con violentos, y repetidos vaybenes, y percibieron los bramidos horribles del Volcán, que a breve rato, disparó con mayor estruendo gran cantidad de fuego, envuelto en humo, y ceniza: y aunque subió derecho, sin calentar lo transversal del ayre, se dilató después  en lo alto, y volvió sobre los tres una lluvia de cenizas tan espesa, y tan encendida , que necesitaron de buscar su defensa en el concabo de una peña, donde faltó el aliento a los Españoles, y quisieron volverse; pero Diego de Ordaz, viendo que cesaba el terremoto, que se mitigaba el estruendo, y salía menos denso el humo, los animó con adelantarse, y llegó a la boca del Volcán; en cuyo fondo observó una gran masa de fuego, que al parecer, hervía como materia líquida, y resplandeciente; y reparó en el tamaño de la boca, que ocupaba casi toda la cumbre, y tendría como un quarto de legua de circunferencia...

Comentarios

Entradas populares

Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…