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Richard Matheson

Richard Matheson (1926-2013)

A Richard Matheson, recientemente fallecido, se le deben algunos de los relatos más recordados de la ciencia ficción: Soy leyenda, El increíble hombre menguante, En algún lugar del tiempo o La casa infernal. Todos ellos fueron llevados a la gran pantalla con irregular acierto. Lo cierto es que no tuvo la suerte que tuvieron otros autores a la hora de ver adaptadas sus obras; como sí la tuvieron, entre otros, Ray Bradbury (Farenheit 451, por Truffaut), Arthur C. Clarke (2001: Una odisea del espacio, por Stanley Kubrick) o Phlip K. Dick (Blade Runner, por Ridley Scortt ).  
Hace unos días veía en DVD un episodio de la primera temporada de la mítica serie La dimensión desconocida (The Twilight Zone), creada por Rod Serling y considerada como una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. El episodio se llama Un mundo de diferencia, el guion es de Richard Matheson y fue emitido el 11 de marzo de 1960. En él vemos al protagonista, el ejecutivo Arthur Curtis, dirigirse como cada día a su trabajo en la empresa donde trabaja. Le vemos entrar en la oficina, saludar a su secretaria y sentarse a la mesa del despacho. De repente alguien dice: ¡Corten!, y el despacho de Curtis se revela como un decorado para una filmación; y todo el equipo técnico se dirige a Curtis como el actor Jerry Raigan. Pero quién es realmente, ¿Curtis o Raigan? No desvelo el final, pero en Matheson, realidad y ficción siempre andan mezcladas...      



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Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).