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Richard Matheson

Richard Matheson (1926-2013)

A Richard Matheson, recientemente fallecido, se le deben algunos de los relatos más recordados de la ciencia ficción: Soy leyenda, El increíble hombre menguante, En algún lugar del tiempo o La casa infernal. Todos ellos fueron llevados a la gran pantalla con irregular acierto. Lo cierto es que no tuvo la suerte que tuvieron otros autores a la hora de ver adaptadas sus obras; como sí la tuvieron, entre otros, Ray Bradbury (Farenheit 451, por Truffaut), Arthur C. Clarke (2001: Una odisea del espacio, por Stanley Kubrick) o Phlip K. Dick (Blade Runner, por Ridley Scortt ).  
Hace unos días veía en DVD un episodio de la primera temporada de la mítica serie La dimensión desconocida (The Twilight Zone), creada por Rod Serling y considerada como una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. El episodio se llama Un mundo de diferencia, el guion es de Richard Matheson y fue emitido el 11 de marzo de 1960. En él vemos al protagonista, el ejecutivo Arthur Curtis, dirigirse como cada día a su trabajo en la empresa donde trabaja. Le vemos entrar en la oficina, saludar a su secretaria y sentarse a la mesa del despacho. De repente alguien dice: ¡Corten!, y el despacho de Curtis se revela como un decorado para una filmación; y todo el equipo técnico se dirige a Curtis como el actor Jerry Raigan. Pero quién es realmente, ¿Curtis o Raigan? No desvelo el final, pero en Matheson, realidad y ficción siempre andan mezcladas...      



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Antillón

  Con el placer de costumbre leo en Lecturas y pasiones (Xordica, 2021), la más reciente recopilación de artículos de José Luis Melero, una referencia al geógrafo e historiador Isidoro de Antillón y Marzo, nacido y muerto en la localidad turolense de Santa Eulalia del Campo (1778-1814). Antillón fue un ilustrado en toda regla, liberal en lo político, que difundió sus ideas, entre ellas el antiesclavismo, a través de diversas publicaciones. Sus obras más relevantes son las de carácter geográfico, entre las que destaca Elementos de la geografía astronómica, natural y política de España y Portugal (1808). En esta obra se muestra crítico con otros geógrafos españoles (caso de Tomás López) y con los extranjeros que escribían sobre España (a excepción del naturalista Guillermo Bowles). Gracias a Jovellanos Antillón llegó a ser elegido diputado por Aragón en las Cortes de Cádiz. A su amigo y protector le dedicó Noticias históricas de D. Gaspar Melchor de Jovellanos , impreso en Palma de Mall

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta

Premio Nadal 1944

El jurado del primer Premio "Eugenio Nadal" (Café Suizo, Barcelona, 6 de enero de 1945). De izquierda a derecha: Juan Ramón Masoliver, Josep Vergés, Rafael Vázquez Zamora, Joan Teixidor e Ignacio Agustí.  En un artículo titulado "Premios literarios, cartas marcadas", publicado recientemente en un diario digital su autor Daniel Rosell analiza el trasfondo de premios tan prestigiosos como el Nadal y el Planeta a lo largo de su ya larga historia. Refiriéndose al primero de ellos, Rosell escribe: "Siempre hay alguien que recuerda que el el primer premio Nadal lo ganó una desconocida Carmen Laforet, que se impuso a González Ruano, a quien se le había garantizado el premio." Y añade: "Es emotivo, incluso tiene elementos épicos la historia de una joven desconocida que se alza con un galardón literario al que aspiraban los nombres -todos masculinos- consagrados de las letras de entonces, pero ¿por qué no poner el acento en González Ruano? (...) En otra