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La nave de Teseo

Le vaisseau de Thésée (1946), de Valery Larbaud.
Ilustración de Marcel Brion.

Me había impresionado, cuando estudiaba, en Filosofía, esta idea de que "no bebemos jamás dos veces en el mismo río". Y un poco más tarde, después de haber leído o escuchado decir que nuestra misma sustancia, nuestras células, se renuevan enteramente en el transcurso de siete años, me preguntaba si no habría que decir que "jamás el mismo hombre bebe dos veces en el mismo río", él mismo siendo un río, o un arroyo, de existencia (...)
Por otro lado, yo no podía evitar unir la renovación de nuestra sustancia en un ciclo de siete años, a un hecho histórico que había golpeado fuertemente mi imaginación: el hecho de que Atenas conservara, en uno de sus puertos, la nave de Teseo. Nave venida del fondo de los tiempos, salida, real y completa, de la fábula y las leyendas (...)
Se la había reparado tan a menudo en el curso de los siglos que no había ni un clavo ni una tabla que no hubiera sido reemplazado varias veces. Pero aun así era la nave de Teseo, su forma, su historia, la idea que permanecía vinculada a ella...

(Valery Larbaud, Le vaisseau de Thésée, Neuchâtel et Paris, Ides et Calendes, 1946) 

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).