Ir al contenido principal

Nickleby



De las novelas de Dickens adaptadas al cine se suelen destacar las dos realizadas por el director británico David Lean: Grandes esperanzas (1946, el por qué en España se cambió el título por Cadenas rotas me resulta un misterio) y Oliver Twist (1948). Sin embargo de esta época hay otra película, menos conocida, basada también en una novela de Dickens, que quisiera destacar. Se trata de Vida y aventuras de Nicholas Nickleby (1947), producción de los londinenses estudios Ealing, dirigida por el director brasileño Alberto Cavalcanti.
Para su adaptación al cine el guionista John Dighton (autor asimismo de una de las comedias más celebradas de dichos estudios: El hombre del traje blanco, 1951, de Alexander MacKendrick, con Alec Guinness de protagonista) elimina personajes y subtramas y se queda con lo esencial que afecta a las peripecias de Nicholas Nickleby, interpretado aquí por Derek Bond. La película tiene una cuidada ambientación y cuenta con una excelente partitura muisical debida al excéntrico Lord Berners.
Las interpretaciones son magníficas, destacando por encima de las demás la de Cedric Hardwicke en el papel del villano Ralph Nickleby; la del gran Bernard Miles (que repitió como Joe Gargery en Cadenas rotas) dando vida a su criado Newman Noggs; y la de Alfred Drayton como el sádico Mr. Squeers, dueño del siniestro colegio en el que el joven Nicholas es contratado como maestro. Las escenas que tienen lugar en dicho internado son incluso más terroríficas que las del orfanato de Oliver Twist. El lema que preside el comedor es: "El que vence al apetito dominará la naturaleza humana". En consecuencia, los desgraciados muchachos allí alojados comen menos de lo que aprenden, que es nada. Para ello Mrs. Squeers ha dado con la receta: "Les damos -le dice a un perplejo Nicholas- una cucharada de azufre. Es muy bueno para el cuerpo, y así no enferman y de paso pierden el apetito. Es más barato que darles desayuno y cena".       

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Código de señales

Inmersos como estamos estos días en un clima espeso y desagrable de enfrentamientos, confrontaciones y choques de trenes, sería deseable que las partes en conficto aceptaran unas mínimas normas de conducta a fin de evitar daños innecesarios al resto de ciudadanos. Podrían atenerse, por ejemplo, al antiguo Reglamento de señales de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, publicado en 1949 en 1948 y que constituye un modelo de claridad y precisión.  Según dicho reglamento, lo primero y principal (Capítulo Primero, "Generalidades") consiste en que: Todos los agentes, cualquiera que sea su categoría, deben obediencia absoluta e inmediata a las señales.    Lo segundo, también de obligado cumplimiento, es la "marcha a la vista": La "marcha a la vista" impone al Maquinista la obligación de ir observando la vía con la máxima atención y de regular la velocidad del manera que pueda detenerlo ante cualquier obstáculo o señal de alto . Entre las señales más imp

Casa de postas

  El día 1 de enero de 1868 los hermanos Goncourt escriben en su Diario :  ¡Vamos, un nuevo año... Todavía una casa de postas, según la expresión de Byron, donde los destinos cambian de caballos! Y a esta casa de postas hemos llegado físicamente agotados, anímicamente hartos, con las mascarillas puestas y el distanciamiento obligado. Sin podernos saludar o abrazar como es debido y con todas las dudas del mundo acerca de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Por desgracia, no estamos todos. Faltan viajeros. Porque a lo largo del camino nos han dejado seres queridos, familiares, amigos, a los que siempre echaremos de menos. A ellos nuestro recuerdo emocionado.    Aún así, aquí estamos. A la espera de que lleguen los caballos de refresco. Dispuestos a emprender un nuevo trayecto e impacientes por abandonar este año infausto que ahora termina. Eso sí, aferrados con firmeza a una vaga esperanza y deseando, con más fuerza que nunca, que el nuevo año sea mucho mejor y más saludable.