Ir al contenido principal

Un poema de Jaime Martínez

CALIPSO Y EL CLUB OGIGIA

La chica me mostraba el tugurio
los lirios tatuados en su espalda,
Los lobos, que sabían el augurio,
aullaban a las puertas de su falda.

El pudor era un tímido adversario
y aquel bar un ardiente coliseo
una vez que, subida al escenario,
se arrancaba la ropa con deseo.

"Tu cuerpo es un escalofrío lento,
tu tacto, una manada de medusas"
me decía, feroz, desde la cama.

Yo rezaba, llorando, por que el viento
no llevara a Penélope difusas
y sombrías noticias de mi fama.

(Jaime Martínez, El tango de Penélope, Ediuno, 2012. II Premio de Poesía Universidad de Oviedo).

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares

Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
No es el famoso autor de novelas como De aquí a la eternidad o Como un torrente un nombre que se suela asociar a los hechos de mayo de 1968. No obstante, fue uno de los pocos escritores norteamericanos que, a poco de suceder los hechos, decidió novelarlos. (Otro autor fue su compatriota Frank Y…

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).