Ir al contenido principal

Menéndez Pelayo

Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912)

Parece cosa comprobada que el centenario de Marcelino Menéndez Pelayo está pasando con más pena que gloria. Personalmente es una figura que me queda un poco lejos, si bien es de justicia reconocer su importancia como historiador y crítico de las letras hispanas. Sin embargo, hubo un tiempo en que yo supe mucho de Menéndez Pelayo; no porque me interesase de una manera especial, sino porque me tocó estudiarlo en el curso Preuniversitario (creo que era el de 1961-62), cuando éste consistía en asignaturas monográficas. "Menéndez Pelayo" era una de ellas; otra "Plazas y provincias africanas". Qué tiempos.
Cursé el Preu en el Instituto "Jaime Balmes" de Barcelona. La "asignatura" de marras corrió a cargo de  Guillermo Díaz-Plaja, catedrático de Literatura de aquel Instituto. En realidad, más que clases, lo que nos daba D. Guillermo -cuando las daba, pues solía faltar bastante- eran más bien charlas o divagaciones. Nos habló mucho de dos de los maestros de Menéndez y Pelayo en la universidad de Barcelona: Milá y Fontanals y Rubió y Ors. Nos dijo que al hijo de éste último, Rubió y Lluch, compañero de aula de Menéndez y Pelayo y más tarde catedrático de Literatura en las universidades de Oviedo y Barcelona, lo había conocido en persona, ya jubilado. En una ocasión, aprovechando que D. Marcelino era de Santander, nos estuvo hablando durante una hora sobre la contraposición entre el mundo cántabro y el mundo mediterráneo, tomando como referencia dos poetas novecentistas: Ramón de Basterra y Josep Carner.
No recuerdo qué nota saqué en el examen, pero aprobé. Sí recuerdo que la pregunta sobre la opinión que al erudito santanderino le mererecían las ideas estéticas de Fox Morcillo la clavé. La verdad es que estudiar a Menéndez Pelayo me sirvió, sobre todo, para interesarme por otros aquellos autores a los que el polígrafo santanderino detestaba, que no eran pocos. Es sabido: los caminos de la literatura son tortuosos, e impredecibles.  

Comentarios

  1. Es lamentable ese olvido: me parece un excelente escritor, con un estilo delicioso y una erudición pasmosa. Su "Historia de los heterodoxos españoles" es una joya. (He leído fragmentos). Pero me parece un pensador muy pobre. ¡Tenías buenos profesores! Yo estudié (algo) en La Salle Condal.

    ResponderEliminar
  2. Reconozco que, al final de curso, hasta le cogí cariño. Era un reaccionario, pero, en cambio sentía un gran amor por Cataluña (incluso pronunció un discurso en catalán en unos Jocs Florals). Coincido contigo: no se merece el olvido.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.