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Caxoncitos de Anita


Desconozco quién se esconde tras el Bachiller***, pero su obra intitulada Los caxoncitos de la almohadilla de Anita, o sea el libro del tocador, publicado en Madrid por la Imprenta Real en 1804, contiene en su pequeño formato el inconfundible perfume del siglo XVIII. Se trata de un librito misceláneo, "dedicado a las señoritas de mi edad", con historias de variada procedencia, unas originales y otras traducciones o adaptaciones de otros autores (que no se mencionan, como es habitual en la época).
En la introducción señala el autor que encontró los escritos en unos cajoncitos que había en una almohadilla perteneciente a una dama llamada Anita, "que por su tamaño parecía un baul catalán". Los cajoncitos no solo estaban llenos de hilos y agujas, sino también de papeles. En uno de ellos había "una ensalada literaria de anécdotas extravagantes, y fragmentos de la literatura china, cosa jamás vista en el mundo literario, y que el diablo no hubiera inventado otra semejante".
Una de estos "fragmentos" chinos dice así:
"Tsong-su-y era el hombre más frugal y sencillo, pues llevó diez años un mismo vestido negro, y conservó el mismo calzado. Quando fue elevado a la dignidad de Gobernador de Tcheon, sus hijos se juntaron para decirle: Padre, sabemos vuestro desinterés, y así no esperamos ningún producto de vuestro nuevo cargo: solo sí os diremos que ya teneis mucha edad; que la madera de Tchou es excelente, y que no dexeis de pensar en lo sucesivo (con esto le convidaban a que previniese aquella madera para sus funerales, en cuyo punto son los Chinos muy exactos). El padre, sin responderles nada, marchó a su destino; y habiéndole servido algunos años, quando volvió a su casa, le salieron a recibir los hijos, diciéndole si había tomado consejo; pero él les respondió sonriéndose: me han dicho que el Ciprés vale tanto como el Chan (especie de madera de aquel territorio). Según eso, dixo uno, ¿habeis hecho prevención de madera de Ciprés? Sí, hijo mío, respondió el buen anciano: aquí os traygo las semillas de este árbol: sembradle, si gustais". 
   

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"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

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Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
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-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
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-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
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-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.