Ir al contenido principal

Jovellanos

Retrato de Jovellanos en 1798 
(Francisco de Goya, Museo del Prado)

En el VIII Congreso Geológico de España, celebrado en Oviedo el pasado mes de julio, presenté, en colaboración con Manuel Gutiérrez Claverol, una comunicación con el título Jovellanos: un ilustrado adelantado de la geología. Con ella quisimos dar a conocer el interés del polígrafo gijonés por las ciencias geológicas.
Aunque a finales del siglo XVIII los estudios de geología eran áun muy incipientes en España, Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) mostró una indudable inclinación por esta nueva disciplina -de hecho es uno de los primeros en utilizar el término "geología", frente al más común entonces de "geognosia"-, como se deduce de sus escritos y de la creación del Instituto de Náutica y Mineralogía. En sus viajes por España Jovellanos realizó anotaciones y disquisiones geológicas inusuales para la época. Además, desde el punto de vista de la aplicación de las llamadas ciencias "útiles", Jovellanos promovió el estudio de los terrenos y de los productos naturales, tales como el carbón y otros minerales básicos para el progreso de la industria minera del país.
Las observaciones geológicas de mayor entidad, sin embargo, las llevó a cabo durante su cautiverio en el castillo de Bellver (Palma de Mallorca), y pueden leerse en su Descripción histórico-artística del castillo de Bellver, escrita entre 1805 y 1806. Entre otras cuestiones, Jovellanos describe diversos tipos de rocas de las inmediaciones del castillo (entre ellas la piedra de construcción conocida localmente como "marés"), constata el grado de deterioro de los sillares pétreos del castillo, identifica ejemplares de fósiles marinos, descifra algunos fenómenos relacionados con la gliptogénesis, establece correlaciones estratigráficas y formula interpretaciones genéticas en torno a la naturaleza de las piedras. De formación humanística, su capacidad de observación es propia de un científico.  

Comentarios

Entradas populares

Criterion

  Sin lugar a dudas, The Criterion , fundado y editado por T. S. Eliot en 1922, es una de las mejores revistas literarias británicas del siglo XX. La nómina de colaboradores que tuvo este magazine trimestral, hasta su último número publicado en 1939, conforma un catálogo bastante representativo de lo más granado de la intelectualidad, no solo británica, del período de entreguerras. En sus páginas escribieron luminarias como Pound, Yeats, Proust o Valéry, por citar solo cuatro.   El primer número de The Criterion , salido en octubre de aquel annus mirabilis , es realmente impactante y marca el sello característico de su editor, expresado a través de sus "Commentary"; a saber, la compatibilidad entre una ideología ideología católica y conservadora y una defensa a ultranza de la vanguardia modernista. En este ya mítico número 1, se incluye, por ejemplo, la primera aparición en letra impresa de The Waste Land de Eliot, y la crítica encomiástica de Valéry Larbaud del Ulises, de

Escritura y moral

  La primera obligación de un escritor es tratar todos los temas con la más elevada, la más digna y la más valiente de las disposiciones (...) El espíritu con el que se aborda un tema, un ingrediente relevante en cualquier tipo de literatura, es de absoluta importancia si hablamos de obras de ficción, reflexión o poesía, pues ahí no solo da color, sino que de por sí elige los hechos; no solo modifica, sino que conforma a la obra (...) No rechazamos una obra maestra aunque estemos preparados para detectar sus defectos; sobre todo, no nos preocupa encontrar sus defectos, sino sus méritos: Por supuesto no hay libro perfecto, ni siquiera en su concepción, pero no hay duda de que hay muchos que hacen disfrutar al lector, que le hacen mejorar en su vida o que le levantan el espíritu (...) En literatura, como en todo lo que hacemos, nunca podemos esperar la perfección. Lo único que cabe es hacer todo lo posible  porque así sea, y para ello solo hay una regla: lo que pueda hacerse despacio no

Johnson

Se cumplen 300 años del nacimiento de Samuel Johnson, un escritor tan enorme que por sí solo da nombre a toda una época de la literatura inglesa. Para festejar el aniversario nada mejor que leer alguna de sus obras, o adentrarse en la excepcional Vida de Samuel Johnson , doctor en Leyes , de James Boswell. Por mi parte aprovecho la ocasión para reproducir -ahora con ilustración incluida- la entrada que publiqué en este blog el 2 de marzo de 2007: "El otro vi, tuve en mis manos, una primera edición de Rasselas . Me incliné y la adoré." Así empieza Hilaire Belloc -este lado menos conocido del entrañable monstruo Chesterbelloc- una memorable reseña, recogida en Short Talks with the Dead (1928), de la novela de Samuel Johnson. Historia de Rasselas, príncipe de Abisinia se publicó en 1759 -el mismo año del Candide , de Voltaire, con el que a veces ha sido comparada- y es no sólo uno de los mejores libros del Doctor, sino uno de los más deliciosos productos literarios del siglo XV