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Fat Boy


El Chico Gordo con la tía solterona y Mr. Tupman.
(Ilustración de Harold Copping)

Aparece brevemente en Los papeles póstumos del club Picwick, pero su aparición es de las que quedan en la memoria. Joe es un criado de Mr. Wardle, y un chico sumamente gordo. Come sin mesura y cada dos por tres se duerme (una característica esta última que ha dado nombre en medicina al "síndrome pickwiano", un tipo de apnea del sueño).
Cuando Joe, con su uniforme de lacayo, aparece a la vista del escribiente Lowten, no sale de su asombro ("nunca había visto el escribiente un muchacho tan rollizo, ni siquiera en los carromatos trashumantes"). Lowten le pregunta qué se le ofrece, pero el chico gordo se ha dormido. Le repite hasta tres veces la pregunta, y como no obtiene respuesta se dispone a cerrar la puerta. Justo entonces el muchacho abre de repente los ojos, parpadea varias veces, estornuda y levanta la mano en ademán de seguir llamando a la puerta. Dáse cuenta de que la puerta ya está abierta y al fin sus ojos se encuentran con los de Mr. Lowten:
-¿Para qué demonio llama usted de esta manera? -preguntó enfadado el escribiente.
-¿De qué manera? -dijo el muchacho en voz queda y dormilona.
-Hombre, como no llamarían cuarenta cocheros- replicó el pasante.
-Pues porque me dijo el amo qiue no dejara de llamar hasta que abrieran la puerta, por miedo a que yo me durmiera -dijo el muchacho.
¡El Chico Gordo! Imposible imaginárselo, al cabo de los años, más viejo y más delgado y sin dormirse.   

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OJOS PRIMITIVOS

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

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Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

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FINAL

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