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Espejos

El arte es nuestra salvación (al menos el más hábil falsificador de eternidades), como lo fue para Wang-Fô en la inolvidable historia de Marguerite Yourcenar. La luz de unos modestos pinceles había mentido al Hijo del Cielo la belleza del mundo. Pero el emperador descubrió muy pronto que tras la adormecedora veladura de aquellos lienzos el mundo se agitaba de dolor. Más allá del aire eternamente perfumado la realidad olía a miseria corrupta. Condenado por falsificación, Wang-Fô tuvo tiempo de fingir sobre un rollo de seda una vasta capa de agua y una frágil embarcación. Tenía en sus manos la llave de la celda. Se retrató con su discípulo Ling en la barca salvadora y desapareció para siempre en aquel mar de jade azul que acababa de inventar.
A veces ni siquiera nuestro propio reflejo es capaz de decirnos lo que somos. Jean-Claude Carrière cuenta en El círculo de los mentirosos la historia de un campesino que marchó a la ciudad para vender su arroz y le trajo a su mujer un espejo. Sorprendida, se miró en él y se echó a llorar alarmando a su madre. "Mi marido ha venido con otra", le dijo entre sollozos mientras dejaba a su alcance la prueba. Al verse en el espejo, la madre intentó tranquilizarla: "No tienes de qué preocuparte, es muy vieja".

(Javier Almuzara, Catálogo de asombros, Impronta, Gijón, 2012)

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"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
No es el famoso autor de novelas como De aquí a la eternidad o Como un torrente un nombre que se suela asociar a los hechos de mayo de 1968. No obstante, fue uno de los pocos escritores norteamericanos que, a poco de suceder los hechos, decidió novelarlos. (Otro autor fue su compatriota Frank Y…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.